domingo, 10 de marzo de 2013

Y ahora…

..ya tengo a marido listo para ir pitando por los controles de los aeropuertos. Anda a mitad camino entre robocop y lobezno, con la cantidad de metal que le han metido en el cuerpo, pero voy a empezar por el principio:
El día de la operación ya amanecí hora y media antes de que sonara el despertador, con los nervios de la operación, mientras observaba ojiplática, como el que iba a ser operado roncaba placenteramente. Ya he comentado alguna vez lo distintos que somos, ¿no?, pues eso. La mañana pasó con rabiosa lentitud, y por fin, a la hora acordada nos dirigimos los dos a la clínica. Cuando pusimos el pie en la habitación comentó por primera vez: uy, pues un pelín nervioso sí que estoy.
Un pelín dice el jodío. A esas alturas yo ya había perdido un año de vida de la combustión interna por los nervios, la impaciencia y la ansiedad.
Después de un pequeño incidente (pequeño digo ahora, en el momento me supuso otro año más de vida) porque el marido había interpretado que el ayuno de 6 horas antes de la operación no afectaba al agua. No se por qué se puso a interpretar, porque el papel que le entregaron ponía claramente: no comer ni beber nada 6 horas antes. ¿Había necesidad de interpretar?, yo diría que no.
El caso, con un retraso considerable por el “pequeño incidente” del agua, por fin le bajan a quirófano, la duración prevista de la operación era 2 horas, me dicen que yo espere en la habitación porque si surge “algo”, me llamarían allí. Con ese “algo” y mi portentosa imaginación se me fue otro año más. Y me digo a mí misma, serénate leches, que como esto siga así, va a resultar que tenías que haber muerto ayer, de tanto perder años a disgustos. Total, que me siento, saco mi ebook, y de pronto me miro a la mano, en la que me acaba de poner la alianza de marido, que era la única pieza metálica que llevaba y le dijeron que se quitara. Mal rollo de nuevo, aquí os dejo una muestra, que encima en plan asiática macabra voy y me hago una foto… (lo de asiática por sacar fotos a cosas absurdas y lo de macabra no necesita aclaración)


Las dos primeras horas las pasé mal que tal, leyendo. A partir de ahí se juntaron dos sucesos: 1. aparecieron mis suegros, que llegaban en ese momento de Galicia, y 2. seguían sin dar noticias del operando. La situación fue muy surrealista. Yo miraba el reloj cada cinco minutos aprox. y comentaba cuánto tardan. Mi suegra me decía que era lo normal, que estuviera tranquila, pero en cuanto me despistaba estaba recordando cuando murió su hija y le caían lagrimones. Mi suegro leía el periódico o miraba el móvil, pero a nosotras dos ni caso, es que ni una palabra nos dijo el tío. Una escena que te la cogen los hermanos Cohen, o el mismo Almodóvar, y te sacan una peli entera. Ninguno de los tres estábamos en nuestro papel habitual, mi suegra es fundamentalmente una mujer divertida, cero plañidera, mi suegro es muy sociable y yo no voy por la vida angustiada. Sin embargo no se qué ondas extrañas circulaban por esa habitación que cada uno de nosotros nos posicionamos en las antípodas de nuestra personalidad habitual.

A las tres horas de llevarse a marido, nos avisaron de que ya había terminado la operación, que le habían pasado a reanimación, y que yo me fuera a la sala de espera que irían los médicos a darme el parte. Del parte solo oí datos como de carpintería (sierra, clavos, placa metálica, cuña…), que todo había ido bien, y que ahora tocaban seis semanas de reposo.
Ha estado 3 días ingresado con muchos dolores, pero en el hospital te arrean morfina y listo. Ahora está en casa con los mismos dolores, y sin el paraíso químico.

A mí me van a acabar convalidando un par de asignaturas de enfermería. Le hago las curas, le pongo el hielo, le regaño porque se mueve mucho, le recuerdo cada cuatro horas la toma que le corresponde y muchas otras cosas poco glamurosas todas ellas. Ah, y desde mañana Lunes a trabajar en la oficina de 8 a 3, con lo que todos los cuidados de enfermera, se me van a acumular por la tarde. No sé cómo me las apañaré para simultanear el ducharle y hacerle curas, con asegurarme de que S hace los deberes y no se dedica a pintar brujas y elfos. Van a ser unas tardes-noches grandiosas.

Los niños están con el padre cariñosos a tope. Lo de la operación se ve que también les preocupó un poquillo. No tanto como a la histérica de su madre, que soy yo, y que todos los temas médicos/sanitarios me descomponen sin proporción lógica. Pero algo de tensión han debido de pasar, al no tenernos en casa varios días y ver al padre con los goteros, la pierna inmovilizada, etc. porque le han recibido como a un héroe de guerra. Mi hija le hizo de recibimiento unos dibujos preciosos en dos cartulinas pegadas, con cien mil abalorios que cuelgan, y un texto que dice: “En esta casa tenemos al mejor padre del mundo. Yo no podría vivir sin él porque es mi inspiración y le quiero”.
No me digáis que no es para comérsela a besos.
Incluso en estos momentos complicados, ellos aportan alegría y luz a esta casa.

Hasta aquí, el parte del pre y post operatorio de osteotomía tibial y ligamento cruzado del consorte. Besos y sed felices.

lunes, 4 de marzo de 2013

Sobre mis hijos IX

Estoy bastante nerviosa y preocupada, mañana operan a mi marido, en el trabajo estoy con mucha tensión, y como no podía ser de otra manera, justo en esta semana, se juntan mil cosas del tipo: entrevista en el cole con los profes ¡de los dos!, anda que no ha habido meses para citarnos, pues no, justo ahora tenemos la primera entrevista con los dos tutores...
Así que como terapia voy a recopilar los últimos momentos que me han hecho reír de mis hijos. 
Como ya os conté este año hacen la comunión los dos, al niño le hemos adelantado un curso, y la va a hacer con la hermana. La semana pasada tuvieron lo que en su cole llaman “la fiesta del perdón” que en mi época era la primera confesión, a secas. En ese tema hemos ganado mucho en estos años que diferencian mi confesión de la de ellos, porque yo recuerdo pasar una noche en vela pensando qué pecados podría haber tenido yo que no recordara. Ellos se lo han tomado de forma super-lúdica. Supongo que en el justo medio está la virtud, pero puestos a irse a un extremo, me mola más el de mis hijos. Esta primera confesión consistió en que les daban un corazón de cartulina y cada niño apuntaba en él sus pecados, luego el cura quemaba todos y con esa operación quedaban perdonados. A mí me recuerda más a Harry Potter que a la Iglesia católica, pero vamos, que me parece estupendo que lo hagan así.
El caso es que cuando les fui a recoger, les pregunté qué tal les había ido la fiesta del perdón, y mi hijo S. me contestó tan tranquilo:
-          Bien, pero a mí no me cabían todos los pecados en la cartulina
-          ¿Y a ti L.? – pregunté a mi hija aguantando la risa como podía
-          A mí sí que me cabían, no soy tan pecadora como S.

Otra también relativa a la comunión, es por el tema del atuendo. El chiquillo pretender ir con el disfraz de padre que le compramos en un chino, para la obra de teatro de fin de curso pasado. Un traje de chaqueta bien brillante, calidad nula pero que a él le parece lo más elegante a este lado del Miño.
-          Mamá, yo a comprarme ropa no voy a ir. Te lo digo ya, que me conoces y sabes que yo no soy ni de probarme ni de comprarme ropa. Sobre todo teniendo el traje de padre en el armario, es que vamos… (cejas para arriba y para abajo, como diciendo hay que estar loco)… a quien se le ocurre…
-          Bueno mamá pues si S. no quiere pues nada, yo sí quiero de todo. Y también tenemos que pensar bien qué peinado me vas a poner, ¿diadema? ¿horquillas?, y los zapatos mamá, que no se te olviden los zapatos que tienen que ser preciosos, eh mamá? (esta es la niña obviamente, sale a mi madre).

Hoy al recogerles del colegio, mi querido hijo S. me ha puesto al corriente de la siguiente situación:
-          Mamá, tengo una noticia buena y una mala. La mala es que hoy no tenía examen de lengua sino de mates (mis queridos lectores habituales ya saben que esto NO es la primera vez que pasa. No sé en qué piensa cuando apunta en la agenda los exámenes).
-          Dime la buena S. antes de que me dé un ataque, que esto ya lo hemos hablado mil veces, que ya no se cómo explicarte que apuntes el examen en el día que corresponde
-          La buena es que a pesar de no haber estudiado mates he sacado un 9. Así que genial, un examen menos que estudiar y encima con buena nota.

Hay que reconocer que esa es buena noticia, aunque he hecho lo que he podido para hacerle entender que no, que tenía que haber estudiado, que el que esta vez haya acabado bien la historia ha sido suerte, y no puede estar en manos de la suerte, sino del esfuerzo.
Ya, yo también me doy la risa a mí misma. El chaval no ha disimulado. Y me ha contestado con un: “ay mamá, qué cosas tienes”, sobre el que no he querido seguir profundizando.

Y nada más por hoy. Mandadnos por favor vuestra energía positiva, oraciones, o lo que sea en lo que creáis, para que la operación salga bien. Es con anestesia general y estoy con una neura en todo lo alto, que no me aguanto…


domingo, 3 de marzo de 2013

Modern Family - Si algo funciona, no lo toques

Antes de entrar de lleno en el tema que va a ocupar esta entrada, unas aclaraciones sobre los últimos párrafos de mi entrada anterior. A ver chicas, que no cunda el pánico. Lo que quería explicar con poco éxito, es que a todo no se llega, es imposible, al menos para mí con días de 24 horas y mis limitaciones personales. Y lo que se cae en mi caso, es el esmero en lo físico. Hablo de “el esmero”, no de que vaya en chándal. Salir a comprar ropa aprovechando el rato de comer, en plan práctico, es como cuando haces la lista de la compra, no es que no compres comida, pero tampoco vas a un delicatesen cada día, ¿no?. Pues a eso me refiero. Cuando voy a por ropa salgo con el tiempo justo, con una lista de lo que necesito, y pin pan pun, remato. Años atrás, con mucho tiempo libre, sobre todo tiempo mental, compraba ropa con ilusión, y cada mañana me conjuntaba con esmero, me pintaba las uñas a juego con los labios, esas cosas. Ahora eso no lo hago. Años atrás no me costaba mantenerme delgada porque llevaba un ritmo de vida físicamente activo, y la comida simplemente era una forma de mantenerme alimentada. Ahora llevo una vida más sedentaria y la comida es un placer. Lo importante es que mi autoestima no se ve ni mejorada ni perjudicada por mi aspecto. No es broma, lo digo en serio. Cuando era mucho más mona de lo que soy ahora, me sentía exactamente igual de segura o insegura. Ya se que a la mayoría de las mujeres les afecta más. Pero a mí no me pasa. Tampoco era consciente de lo mona que era antes. Me arreglaba por diversión, por gusto, pero no por ganar seguridad.
No se si con esto he aclarado o liado más… pero bueno, ¡no se hacerlo mejor!.

Al grano con el tema de esta entrada:
Una de mis series favoritas es Modern Family. Me encantan todos los personajes, me encantan los guiones, y me rio muchísimo con sus imperfecciones tan perfectas. Especialmente me chiflan Manny (Rico Rodriguez) y Mitchell (Jesse Tyler Ferguson).
Manny por ese hombre adulto que lleva dentro de su cuerpo de niño, que me recuerda un poco a mi de pequeña, por esa relación estupenda que tiene con su madre. Por esos enamoramientos antiguos que se agarra el pobre.

Mitchell por la relación que tiene con su pareja Cameron (Eric Stonestreet), al que quiere y respeta con todos sus histrionismos y exageraciones. Lloré de risa cuando él está contándole a la familia que han adoptado una niña y a la vez defendiendo que su pareja no es un dramático, y justo aparece Cameron con la música del rey león trayendo en volandas a Lilly para presentarla a la familia en plan Simba.

La de Jesse Tyler (Mitchell, a la derecha en la imagen), es una actuación muy sutil, pero siempre tiene una cara, un gesto, que refleja exactamente lo que pasa por la mente de su personaje. Me encanta.

Llevo semanas viendo los nuevos capítulos, y notaba algo raro a las dos actrices principales pero no sabía qué. Ayer pusieron el primer capítulo de la primera temporada, y sus caras eran mucho más normales y guapas de lo que son ahora. No es un caso extremo, y sin embargo, yo noto que algo se han hecho que las ha empeorado.
En el caso de Claire (Julie Bowen), que estaba estupenda en los primeros capítulos, ahora está delgadísima, con unos ángulos en la cara que la hace parecer una histérica. Por dios un bocata para esa mujer.

En el caso de Gloria (Sofía Vergara), que es guapísima, el cuerpo sigue teniéndolo de infarto. Un plus de esta mujer son las curvas que tiene tan en su sitio, así que supongo que no la dejarán perder un gramo. Sin embargo en la cara tiene algo raro, no se si es los dientes más blancos, más grandes, ¡yo qué se!, pero algo se ha hecho. ¿Qué necesidad por Dios?.

Y ahora es cuando viene a cuento el título de la entrada:
                                               Si algo funciona, no lo toques.

                               Otra frase que aplica: lo mejor es enemigo de lo bueno.

Si ya eras guapa, tenías buen cuerpo, ¡pa que te metes Manolete!, intentar mejorarlo tiene mucho peligro.
Supongo que tendrán asesores alrededor que las vuelven locas. Pero leches tienes a Meg Ryan, y a muchas más, que si yo estuviera en Hollywood, las tendría de fondo de pantalla del ordenador, con su foto del antes y el después. Para que no me quedara ninguna duda de cómo se puede llegar a liar parda partiendo de una cara monísima.

Por cierto, escribo esta entrada en uno de mis momentos favoritos de la semana: Domingo por la mañana sin planes, mmmm. A las 8:30 tenía a S. metido en mi cama contándome un sueño. Es imposible que todos los sábados por la noche sueñe historias tan elaboradas y chulas, pero siempre le sigo el rollo y hago como que me creo que lo ha soñado esa misma noche. Desayunamos los cuatro juntos y tranquilos. Y ahora estoy metida en la cama con el portátil escribiendo esto, marido leyendo, L. en la bañera (le encanta darse baños largos con las muñecas los domingos por la mañana) y S. jugando en su cuarto.
Felicidad completa.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Mi reto

Habrá más de una que haya pensado ¡hay que ver esta tía sosa que no se apunta a ninguno de los tropotocientos retos que circulan por la red!.
Os cuento, aparte del hecho de que los retos de cocina, más que para mí serían un reto para el que después se tenga que comer lo que yo cocino, ejem, resulta que yo ya vivo inmersa en un reto continuo. Salgo de una y me meto en otra. Parecía que el mes de febrero era el duro, ay qué risa por dios. Empezaremos los primeros días de marzo con marido en sus viajes, y al final de la primera semana, ZAS!, operación de rodilla al canto. Como ya le operaron hace tiempo en el modo sencillo, con laparoscopia, esta operación de ahora ya es cosa seria, con anestesia general, y lo más parecido sin llegar a serlo, a ponerle una prótesis de rodilla.
Cuarenta años tiene mi marido, para las que os acabáis de imaginar que estoy casada con un octogenario. Pero tiene un pasado de jugador de rugby, deportista y saltador en conciertos de heavy, que le ha dejado como secuela visible, una rodilla totalmente cascada.
La intervención le va a tener postrado sin posar el pie un mes. …. ¡Un mes!.... ¡UN MES!!!... Y luego rehabilitación no sé cuantos meses, ya no he querido saber detalles. Os imagináis a un marido, que no es ya que no aporte ayuda doméstica, ¡es que la necesita!. Ay oma qué dolor.
Más cositas interesantes: en mi trabajo las cosas andan convulsas, como les gusta decir a los directivos en plan eufemismo. Convulsas estarán para ti, para mí están jodidas y punto – me entran ganas de contestarles siempre -. Después de un año en el que se ha reducido la plantilla en un 40% siguen queriendo “adelgazar a la Entidad”. Mi departamento es uno de esos fácilmente externalizables, porque lo que hacemos nosotros, se consigue hoy en día en el mercado por menos precio. Así que, puesto que por el contrario hay dos departamentos que han ampliado negocio, he intentado un traslado amigable hacia esas ubicaciones.
Traslado y amigable en la misma frase. Habéis leído bien. Misión imposible pero había que intentarlo.
Mis jefes, esas personas que supuestamente me adoran, están siempre contentísimos con mi trabajo y así me lo hacen saber. Esto no es coña, va en serio, yo soy una currita muy cómoda para mis jefes, porque curro intensamente, soy muy responsable, pero tengo una ambición limitada. Con lo cual les saco el trabajo adelante, y no les hago peligrar su puesto. Yo con que me paguen bien y tener un horario digno, dejo los cargos y los títulos para el que los quiera. El caso es que esos mismos jefes tan majetes, son prejubilables en un par de años máximo. Y yo de buen rollo, les he comentado resumiendo: que tal y como yo lo veo, en un año ellos prejubilados en su casa y yo en la cola del inem, que por favor, me dejaran irme a uno de los departamentos que va a seguir con trabajo a largo plazo.
Toda la amistad y el buen rollo a hacer puñetas.
Hasta que lleguen a su prejubilación necesitan a servidora picando piedra en la sombra. No les vale que deje a alguien formado en mi lugar, que hagamos las cosas a las buenas, que no me voy de un día para otro… Nada vale. Así que ahora entramos en la guerra entre departamentos, a ver quién puede más, y yo en medio, como daño colateral. Pasadme toda vuestra energía positiva para que este conflicto acabe bien. Por lo pronto ando preocupada y angustiada, con el insomnio por las nubes. Ese es mi lado oscuro. Me preocupo mucho por las cosas, no puedo evitarlo.
Por otra parte, en abril hacen la comunión mis dos torpedos. En algún momento tengo que tener tiempo y paz mental para organizarlo todo, comprar ropa, ¡ay madre! y ponerme a régimen. Eso ya os adelanto que seguro que no lo hago. Lo de la superwoman es un rollo que nunca me he creído. Todos sacrificamos algo en el camino. En mi caso particular creo que me cunde bastante en mis dos aéreas prioritarias: familia y trabajo. Teniendo en cuenta que a ninguna de las dos les dedico el 100% de mi tiempo, creo que tengo unos hijos bien educados y felices, y un trabajo bastante mejor que el de la media. Eso ya es mucho. A cambio, casi nunca tengo energía ni ganas, para cuidar de mí misma. Compro ropa a la carrera y por necesidad. Voy a la pelu idem. No soy constante con las cremitas. No me pongo a dieta. Eso sí, pago clases de pilates, asisto a la mitad de ellas, pero pagarlas las pago todas.
Esa soy yo. Me gustaría deciros otra cosa. Porque años atrás yo me cambiaba de pendientes cada mañana, no digo más. Pero ahora, priorizo, elijo mis batallas como decía alguien sabio.
En lo que no me abandono tanto es en mi interior, por eso sigo leyendo muchísimo, escuchando música, escribiendo en este blog, llamando a mis amigas solo para charlar, tomándome una copa de vino con mi marido, yendo a ver las pelis de los Oscar…
Algún día señores, algún día, encontraré el tiempo y las ganas para cuidar también la fachada.

martes, 26 de febrero de 2013

Los Oscars

Soy muy friki de los oscars, lo se, lo asumo con todo lo que implica y lo llevo dignamente. Es una de esas cosas que arrastro desde la infancia, y que me definen mucho.
Admito la parte pueril (que la tiene) de esa admiración con la que observo a los amos del show business deleitándome en esta gala, casi siempre grandiosa.

De niña y jovenzuela me tragaba los oscars el día y a la hora que fuera la retransmisión. En mi casa esta pasión mía siempre me la han respetado, y esto tiene mucho mérito, porque mis padres no la comparten. Durante mi época de estudiante, pasé alguna noche totalmente sola en la sala de tv de la residencia universitaria, llorando, emocionándome y encantada de poder disfrutarlo en soledad. Porque esto es muy difícil de transmitir para el que no lo vive como yo. Puedo parecer muy loca.

Ahora no llego a tanto, la vida y sus exigencias me tienen demasiado cansada para esfuerzos extraordinarios. Lo que sí hice ayer, es a las 9 de la noche, cuando ya tenía a los niños acostados, la cena recogida y estaba sola en casa. (Inciso: marido vuelve a estar de viaje. Ya conté aquí como llevo esta etapa viajera de mi marido, así que no me repito. )
A lo que iba: estaba sola en casa, con todas las tareas realizadas, y me puse a buscar en youtube en particular y en san google en general toda referencia a los oscars de este año. Os cuento mis conclusiones personalísimas de lo poco que he visto de esta gala:
-          Me encanta el oscar a mejor actriz para Jennifer Lawrence, actriz que entre otras muchísimas actuaciones (parece mentira con solo 22 años todo lo que ha hecho esta chica), es Mística en la película X-Men y  Katniss Everdeen en Los juegos del hambre. Iba guapísima, me encantó hasta que se callera al ir a recoger el oscar, porque así pudimos ver a Hugh Jackman, corriendo a ayudarla. Ay Dios mío lo que me gusta a mi este hombre no está escrito. Me gusta como lobezno, me gusta como Jean Valjean, me gusta se ponga como se ponga…


-          Me encanta también el oscar para Anne Hathaway. Borda el papel en los Miserables. Ella desaparece y solo ves a Fantine.

-          Me sorprendió el oscar a mejor película para Argo. Ya conté en su entrada correspondiente que es una película que me gustó. Es muy correcta, pero ¿mejor película del año?. Me sorprende.
-          Me sorprendió que Django no tuviera muchos más premios. También comenté aquí que para mí es una película muy grande.
-          No he visto todavía Lincoln, pero estoy segura de que Daniel Day-Lewis se merece el oscar.
-          Me emocionó la representación de One day more. A mi los Miserables me pone los pelos de punta. Yo creo que es una música que gusta incluso a los no amantes de los musicales. Animaría a los que no sois fans del género, a que le deis una oportunidad a alguna de las canciones del Musical y lo escucheis con la mente abierta. Igual ni siquiera así os gusta, porque para gustos los colores, pero creo que muchos os sorprenderíais.
  
Besos y sed felices

jueves, 21 de febrero de 2013

Sobre mis hijos VIII – Madurando que es gerundio

Mi cachorrillo humano ha dado otro paso más en su desarrollo evolutivo. Como lo oís. Os va a parecer una tontería lo que os voy a contar, pero yo sé que no lo es.
Como últimamente he tenido nuevas incorporaciones en el blog, voy a poner un poco en situación, las lectoras fieles desde el inicio os podéis saltar el siguiente párrafo.
Resulta que para mi hijo lo de ser soltero era una especie de maldición. Cosa increíble porque mis hermanos están solteros y llevan una vida divertida, feliz, llena de viajes, triatlones, noches de marcha etc. Sin embargo, para él era una forma de vida inconcebible. Especialmente a mi hermana siempre ha intentado emparejarla con alguien, al estilo niño, claro, con cosas tipo: “tita, ¿tu cuando te vas a casar?, el tito nacho (tito por la otra rama) también es soltero, si queréis os podéis casar y así no estáis solos”. Un día mi hija le animó a que dejara de darle la plasta, que se fuera a su cuarto a jugar solo, y para meterle más presión le dijo algo como que tenía que aprender a estar solo para cuando él fuera soltero. El niño acudió a mí con lágrimas en los ojos, y me acabó haciendo jurar que él nunca sería un soltero. Lo gordo es que se lo juré, pero es que es muy cansino, y para qué le iba a hacer sufrir a la criatura…
No sigo dando detalles, creo que ya le ha quedado a todo el mundo, que el niño no concebía la vida sin una familia como compañeros de viaje.
Bien, pues ayer, cuando volvíamos caminando del colegio, con una de esas charlas supermegaferolíticas con las que me deleitan de vez en cuando, llegamos de pronto al siguiente punto:
-          S: pues yo, si tengo mujer…
-          (L. mi hija, le interrumpe, igual de alucinada que yo ante ese “si” condicional) Hermano, como que si tienes mujer, si tú siempre has dicho que no vas a ser un soltero, que siempre tendrás familia, primero nosotros, y luego tu propia mujer e hijos
-          S: Ya hermana, pero nunca se sabe, yo haré lo que la vida me pida. Si la vida me pide mujer pues bien, y si no…
Aquí hago un inciso, esa frase de “lo que la vida me pida” me mató. Me recuerda a mi madre dándome una receta. Es decir, no dándome una receta, porque lo suyo va más de:
- … y abres la cazuela y echas el agua que te pida…
- Mamá, a mí la cazuela no me habla, concrétame el agua que hay que echar, porfavorhombreya.. –  dicho todo seguido y con tonito de mosqueo, porque ya llueve sobre mojado, que nunca consigo que me diga cómo cocina algo -
- Ay nena, cómo te pones. Pues la que te pida, te asomas – y me lo escenifica asomándose a la cazuela– miras, y ahora mismo por ejemplo ya se  ve que se ha evaporado el agua demasiado rápido, pues echas un poquito más. Y mira, un pelín de vino blanco que tengo aquí a mano.
- ah, ¿esta receta es con vino blanco?
- bueno, hasta ahora nunca se lo había puesto, pero parece que pide un poco más de líquido y solo agua es una sosez.
Y esto no es solo con el agua, es con todo, el arroz, la sal, el pollo, el perejil. Todo según demanda del artefacto en cuestión en el que se cocine. A ella le habla el horno, la cazuela, la sartén… Todos le van indicando la cantidad y condimentos en cuestión, que tiene que poner para que el plato quede delicioso.
Para matarla.
Nunca conseguiré una receta en condiciones como yo la necesito, con las cantidades, y ordenes puestos en detalle. Que yo entro a la cocina como otros al laboratorio. Improvisación cero.

Me he ido del tema. Retomando: mi hijo ya concibe que hay distintas vidas, en familia o si la vida no le pide familia, sin ella. Un gran paso.
Yo espero que tengan una vida plena y feliz, y que ambos encuentren la pareja ideal para ellos, que les complemente, enriquezca, y con la que tengan hijos. Ojalá sea así.
Pero no me gustaría que crecieran pensando que la pareja y la familia son una condición absolutamente necesaria y a cualquier precio, porque entonces su desesperación por encontrarla, les llevará a aceptar a cualquiera disponible. Y eso me horroriza. Hay que saber vivir con uno mismo, conocerse bien, y estar dispuesto a darse a la persona ideal cuando ésta se cruce en tu camino. Pero solo si eso ocurre, no darte a cualquiera para no acabar solo. La persona idea no es la persona perfecta, más que nada porque esa no existe. Es solo la persona ideal para ti, con sus virtudes y sus defectos. Si mis hijos entienden eso, yo me doy por satisfecha.

Besos y sed felices

miércoles, 20 de febrero de 2013

Momentos que curten

Esta entrada es realmente continuación de la anterior, en la que apoyándome en una anécdota protagonizada por mis hijos, reflexiono sobre la infancia y lo difícil que puede llegar a ser, incluso para niños con vidas aparentemente felices.
El caso es que mi querida Mo, ha escrito esta entrada contando una experiencia de acoso escolar en su niñez, y al dejar mi comentario, he recordado momentos de esos que curten, y que la verdad, tenía casi olvidados.
Si hace unos días, en frio, me preguntas si tuve algún problema de acoso o burlas en mi infancia y habría contestado que no. Porque de primeras, lo que recuerdo es más lo positivo, como que siempre tuve buenos amigos, de hecho conservo a las que fueron mis primeras grandes amigas. Y en general, tenía una integración social muy buena: era bien aceptada por el grupo, sacaba buenas notas, etc.
El caso es que ahora, a raíz de remover este tema en el blog, he recordado con total claridad un episodio, que supongo que marcaría mi actual carácter. Os lo cuento:
Esto tuvo lugar en el autobús del colegio. Todo empezó de la forma más gilipollesca: resulta que en la ruta me hice amiga de una niña de otra clase, pero que se bajaba en mi parada. Esa niña antes de sentarse conmigo en el bus, se sentaba con otra amiguita suya, a la que parece ser que dejó de lado, porque se lo pasaría mejor conmigo en el trayecto a casa, ¡yo que sé! eso ya es elucubrar. El caso es que la amiga abandonada, empezó a hacerme burlas, a corear en el bus cancioncitas dedicadas a mi persona, a escribir en las ventanas cuando había vaho: matt es tonta, cosas así. No debió durar más de 3 o 4 días, pero lo recuerdo como un gran sufrimiento.
Se me ocurrió contárselo a mi madre. Acabáramos. Mi madre es una persona con una autoconfianza y una determinación que quita el hipo. Según se lo dije, como si la estuviera viendo, ella subida en sus tacones, se gira hacia mí, baja la cabeza a mi altura y me dice muy firme: “pues te doy un día para solucionarlo. O lo arreglas tú, o voy yo al colegio y lo arreglo en tu nombre. Tú decides. Intenta siempre que la gente te quiera, pero si no puede ser así, al menos que te respeten”. No hizo falta más. Me cagué viva, y decidí solucionarlo yo misma. Al día siguiente, con una taquicardia, subí al bus, sabiendo que ese día marcaría un antes y un después. En cuanto E. C. (joder, que me acuerdo hasta del nombre y apellido), se puso a corear sus cancioncitas humillantes, me levanté, fui a su asiento, la agarré de la camisa (blanca con rayas azules y botones) y tiré de la camisa para poner su cara a mi altura. Un botón salió disparado. “Ahora me dices a la cara lo que estabas diciendo de mí”. La niña se puso a llorar a moco y baba. Yo estaba que me temblaban las piernas, pero disimulaba. No recuerdo que más la dije, pero algo tipo que no volviera a reírse de mi o lo lamentaría. Me volví a mi asiento y las niñas me aplaudieron. Ojo, que eran las mismas niñas que minutos antes le seguían el rollo a la otra petarda… el ser humano y sus incoherencias. Nunca más volvió a meterse conmigo E.C. ni ninguna niña del cole.
Luego hubo otro momento más, unos años después, pero no en el cole, fue en la academia de inglés, porque unos niños se metían con mi hermano, y tuve que zurrarme con uno de ellos. También quedó el tema solucionado, y no me marcó tanto como el anterior que os he contado. Esto fue desagradable, porque a pesar de lo que pueda parecer con esta entrada, yo era una niña de lo más pacífica y tranquila, solo en estas dos ocasiones tuve que recurrir a la fuerza. Pero vamos, que fue poca cosa.

A mí la técnica de mi madre me funcionó, me hizo sentir responsable de buscar la solución, lo que no implica que funcione siempre. Dependerá del niño, de la madre, del contexto… De hecho yo con mis hijos habría reaccionado de forma más protectora, creo. Me duele demasiado todo lo que les pasa. Suerte que en este tema no hemos tenido incidencias…

Pues nada más por hoy, ya me conocéis todavía más!. Besos y sed felices.