Estoy teniendo un día un tanto extraño ya que por motivos
varios, me he tenido que coger el día libre y una vez terminada la obligación,
resulta que la nena está durmiendo muchísimo.
He pasado a leer mis blogs favoritos y esta entrada de Ro
sobre las extraescolares me da pie a escribiros cómo llevamos este tema en
casa.
En principio soy partidaria de elegir las extraescolares que
le interesen al niño, que no las elijan los padres, y que sean compatibles con
tener tiempo libre. Esa es la teoría, pero
luego la realidad se impone y resulta que tienes una hija que quiere hacer
muchísimas y un hijo que no querría hacer casi ninguna. Así que a la Niña mayor
la tengo que dejar sin hacer cosas que querría y al Niño le obligo a hacer
alguna para que no se amodorre.
A las circunstancias de los chiquillos en cuestión, se unen
las circunstancias de horarios escolares
y laborales. Por nuestros horarios de trabajo, mis hijos siempre se han quedado a comedor y
su horario de clases es de 9 a 12:30, y de 15 a 17 horas. Como veis tienen un
desierto en el bloque central del día, que miles de academias y escuelas han
sabido aprovechar en nuestro cole. La oferta de extraescolares es de asustar.
Pueden hacer de todo en ese rato enorme que les sobra al mediodía después de
comer. Desde esgrima, chino, ajedrez pasando por el violín.
El Niño hace judo, le gusta pero realmente fue medio
dirigido. Le dijimos que tenía que hacer algo del deporte que ofrecen en el
colegio al mediodía y él eligió judo. También es del coro del colegio, esa es
su actividad favorita, le encanta la música y cantar. De esta manera tiene
cuatro mediodías ocupado, el viernes libre. Además el sábado por la mañana va a
clase de tenis. Es mi actividad favorita a la que llevan yendo desde los cinco
años. Nos obliga a estar la mañana del sábado al aire libre haciendo una
actividad que les encanta. Marido, ahora la enana, y yo, paseamos por el club,
y ellos juegan.
La Niña mayor querría hacer de todo, el día que reparten las hojas
de extraescolares para ella es un día de máxima emoción y estrés. Después de
mucho negociar y recortar sus expectativas, finalmente hace gimnasia rítmica,
piano y entrena en el equipo de baloncesto del colegio. Además de ir a clases
de tenis los sábados por la mañana. Hasta el año pasado también hacía judo, pero este año la dimos a elegir solo tres actividades en el cole y éstas fueron sus finalistas.
En el tema de extraescolares creo que es difícil hablar en
general – como en casi todo en la vida -. Depende de los niños, de los padres y
de las circunstancias de ambos.
En mi opinión hay que intentar que sean actividades que les
gusten, que mantengan en el tiempo (mis hijos llevan haciendo prácticamente lo
mismo, con pequeños cambios, desde hace años) y que se ajusten a horarios familiares y escolares.
Importante que no les quite tiempo de hacer deberes y de tener tiempo libre.
Al Niño le encantaría seguir yendo al equipo de natación
pero tuvimos que quitarle porque era por las tardes, y cuando sale del colegio,
ya solo tiene tiempo de merendar, hacer deberes y poco más. En nuestra casa se
cena a las ocho y se acuestan a las nueve, así que da para poco la tarde. Pero
aprovechamos todo ese tiempo que tienen medio perdido al mediodía en el
colegio.
Lo que no me gusta es el enfoque de actividades aparca niños
e impuestas por los padres en base a frustraciones de su propia vida. En plan,
me chiflaría tocar el violín, como yo no tuve oportunidad voy a apuntar a mis
retoños así los niños me supliquen que no quieren ir.
Quitando esos casos puntuales, creo que la mala prensa que
tiene en muchos casos el que los niños hagan actividades no está justificada.
Y hablo del tema en primera persona y con conocimiento de
causa, porque yo fui una niña que hice muchas actividades, lo cual cuando yo
era pequeña no era tan habitual hoy en día, y muchas veces me decían lo de “pero
bonitaaaa, dile a tu mamá que no vas a tener tiempo de jugaaarrrr”. Léase con tonito pedagógico molestón.
En mi caso, tenía pocos deberes para hacer en casa, casi
siempre los traía hechos del colegio, y para mí era mucho más divertido pasar
las tardes en mis clases. Desde los ocho años hasta los diecisiete – dejé estas
extraescolares cuando me fui de casa para estudiar COU – estuve haciendo
solfeo, piano, inglés y karate. Terminé solfeo y coral en el conservatorio y
llegué hasta cuarto de piano. En inglés me examinaba por libre en la Escuela
Oficial de Idiomas y en karate llegué a cinturón marrón. Con esto quiero decir
que eran unas clases que me tomaba relativamente en serio, y aun así, eran
diversión. Era aprender, pero también era estar con amigos, conocer gente
nueva, nuevos profesores, ir y venir andando a casa, acompañar a una amiga a la
suya para que al llegar ella me acompañase a mí… En fin, que mis tardes eran
más divertidas y enriquecedoras que si me hubiera quedado en casa haciendo deberes, jugando
y viendo la tele.
Además siempre tuve tiempo de jugar y de leer. El
tiempo de un niño se puede estirar muchísimo.
El problema hoy en día es la cantidad de deberes que les
mandan y los horarios del infierno de los padres. Eso condiciona que no puedan
hacer cosas que querrían por estar en casa repitiendo una y otra vez lo que
deberían traer hecho del colegio. Y en muchos casos por culpa de horarios
extensos de los padres, tienen que hacer actividades que a los niños no les
interesa en absoluto.
Esa es mi opinión y vivencia personal. ¿Cómo lo veis vosotros?.