| Me encanta esta foto, muy digna ella llevando la maleta |
Su lengua de trapo genera momentos de muchas risas, porque además ella oye campanas pero no sabe dónde. La última gracia es que cuando se le pide algo que no quiere compartir contesta muy seria: "no, es solo para mayores". El otro día era la hermana, once años mayor que ella, la que la pedía una pintura y le contestaba con tan irrefutable argumento.
También le encanta contestar rápidamente con un: ¡jesús!, en cuanto oye a alguien estornudar. Es algo que le da mucha alegría.
Participa del drama familiar: la hermana sigue pillando un piojo que se encuentre despistado a 5 kilómetros a la redonda. Esa facilidad para atraerlos, sumada a su vocación de Rapunzel, arrojan un terrible resultado y muchas horas y dineros invertidos en la noble tarea del despiojado. La pequeña ya le recuerda amablemente que se pase la liendrera y que no le acerque mucho la cabeza: "que pegas piojos a mi".
El sábado fue la jornada de puertas abiertas en el cole, en el que empezará primero de infantil en septiembre. El cole es el mismo de sus hermanos, y del que soy antigua alumna, así que habíamos pensado no ir, pero en el último momento decidimos pasarnos.
Qué impresión verla en la que será su clase, jugando y explorando tan contenta. Por ahora la idea de ir al cole, le gusta, a ver cómo es la cosa cuando vea de verdad en lo que consiste el plan. Por ahora tengo las dos experiencias extremas. La hermana mayor que fue feliz desde el primer día, nunca lloró, y siempre fue contenta, si acaso le resultó una experiencia un poco decepcionante porque ella pensaba que la iban a enseñar a leer y como me dijo a la semana de empezar: "mamá, enséñame tú que en el cole solo juguemos y nos peleemos". Ese fue su resumen de primero de infantil. Y lo peor es que igual no iba desencaminada la mujer. Por el contrario el hermano nunca tuvo ganas de ir, esta misma experiencia de ir a ver el cole, fue en medio de llantos desgarrados, y su primer día de clase amaneció con un grito de: "no quiero ir an coleeeeeeeeeeee". Nunca ha sido partidario de la enseñanza reglada, la criatura. Con cinco o seis años, un niño que siempre estaba en su mundo de fantasía, y ya me vino un día preguntando por el home schooling, en perfecta pronunciación el jodío. A saber dónde habría él oído del tema, pero le pareció la idea del siglo.
Ahora nos falta el desempate con la pequeña, yo creo que se va a parecer más a la mayor, aunque no tan afanada. Es decir, creo que le gustará, pero tampoco va a estar tan deseosa por aprender como estaba mi princesa mayor.















