sábado, 13 de agosto de 2016

Madrid en agosto

Madrid en agosto es una delicia. Al menos todo lo delicia que puede ser Madrid.

Para un madrileño el lujo es la ausencia de gente. El resto del año hay muchos planes frustrados por las masas, más bien hordas humanas, allá donde vayas. Restaurantes de moda abarrotados, el mercadillo navideño en el que no hay quien pise, el metro en hora punta en el que casi no cabes... Por lo hablar del tráfico y de los problemas para aparcar.

En agosto todo cambia.
Esta semana hemos salido a cenar con amigos y hemos elegido en el mismo día el restaurante de moda al que queríamos ir. Sin problema de reservas y sin pasar la noche en un local ruidoso y abarrotado. Hemos ido todos los días a la piscina y hemos podido elegir árbol al que ponernos a la sombra y nos hemos bañado prácticamente solos. Además cada tarde-noche, hemos aparcado en la puerta de casa. Tenemos previsto ir con los niños a ver el sing-along en Canal, que tiene pinta de divertido, si en lugar de agosto estuviéramos en Abril, por decir otro mes al azar, estaríamos con la cosa de ¿habrá entradas? hay que planificarlo y sacarlas con tiempo o no tendremos para el día que queramos. Ahora creo que podremos sacarlas incluso el mismo día que vayamos a bailar Dirty Dancing ooouuuuyeeeahhhh.

El problema es que no siempre es posible quedarte en Madrid en agosto y coger las vacaciones otro mes. Para empezar hay muchos trabajos en los que las vacaciones obligadas son en este mes, incluso empresas ligadas a la fabricación cierran. Además los padres con hijos pequeños tenemos el problema de que guarderías y campamentos urbanos, cierran en su mayoría en agosto.

Este año nosotros no tenemos ese problema porque tenemos a santa M. al cuidado de los tres lechones mientras nosotros trabajamos. Pero ha habido años que nos hemos tenido que coger al menos parte de las vacaciones en agosto.

El caso es que estoy disfrutando mucho este mes en mi ciudad, sería mejor todavía si no tuviera que trabajar, pero no se puede tener todo... Besos

lunes, 8 de agosto de 2016

Novela negra nórdica para el verano

En las últimas semanas he leído dos libros de los que podemos enmarcar en el género de novela negra nórdica.

"El domador de Leones" es el noveno y último libro de la escritora Camilla Lackberg, de la serie Serie Fjällbacka, de la que sorprendentemente me he leído todos los libros.

Digo sorprendentemente porque tengo una relación amor-odio con la escritora. Suelo leerla en verano, en playa o piscina, y alguna vez he escrito sobre sus libros de forma entre neutra y negativa. Por una parte me atraen sus novelas porque enganchan y son tan retorcidas que resultan casi morbosas. Por otra parte me parece que estoy leyendo un culebrón venezolano ambientado en IKEA. Tenemos descripciones casi costumbristas de la vida en un pueblo sueco y del día a día de una mujer actual madre de tres hijos, mezclado con historias para no dormir. No es ya el tema crimen en sí, que es de cajón que vas a tener si lees novela negra o policíaca. Es lo retorcido de los personajes. Hay malos tratos, perversiones sexuales, asesinatos múltiples, abandono de hijos, severos problemas psiquiátricos… ¡de todo lo peor del ser humano!, pero en un pueblecito pequeño y en el entorno más cercano de la protagonista. Es decir, su madre, su hermana, sus vecinos, tienen historias rocambolescas, es como si nadie excepto los dos protagonistas están en su sano juicio.

Eso por una parte engancha, porque está tan alejado de la vida normal, que tiene su punto. Pero por otra parte acaba dejando una sensación de irrealidad un poco confusa.

El otro libro del mismo género es "Una mujer en tu camino", el quinto de la saga del Inspector Sajer, de Karim Fossum. En este caso se trata de libros bien escritos y ambientados, con crímenes en contextos creíbles. El protagonista está tan bien dibujado que parece que le estás viendo. Y hasta las situaciones más extrañas son traídas a la historia de manera muy realista. A la escritora se la conoce, de forma muy merecida en mi opinión, como "la reina noruega del crimen". Esta saga que os comento la empezó en 1995 y el quinto está escrito en el año 2000. Además el protagonista es un hombre maduro y viudo. Así que en teoría debería empatizar más con la mujer del 2015 protagonista de Lackberg, sin embargo, me resulta más fácil hacerlo con el inspector Sajer. Creo que eso dice mucho de la capacidad como escritora de Karim Fossum.

En cualquier caso, puedo recomendar ambos libros, por entretenidos y amenos. No sé si os pasa a vosotros, pero a mí en verano me apetece mucho leer novela de este tipo. Además siempre me quedo con ganas de hacer un viaje por países nórdicos, preferentemente en verano, eso sí, porque en invierno se pelan de frio.

P.D.: Llevo meses con el blog en paupérrima actividad y es llegar agosto que no pasa por aquí nadie, y me apetece escribir una entrada diaria. De verdad que no hay quien me entienda...

jueves, 4 de agosto de 2016

Vacaciones con dos pre adolescentes y una bebé

la pequeña de paseo  por la playa

Ya han terminado mis vacaciones de verano. Tres semanas que han pasado volando pero que he disfrutado muchísimo.

La primera mitad estuvimos en el sur, en un pueblecito pegado a la frontera portuguesa y concretamente en una urbanización a la que llevamos yendo muchos años. Es muy cómodo porque está en primera línea de playa y además, mis dos hijos mayores tienen allí amigos que van cada verano. Somos los únicos madrileños en un radio de varios kilómetros ya que desde Madrid hay mucho destino costero mejor comunicado y más cercano. Todo esto para contaros que cuando llegamos nos rodearon amigos de mis hijos gritando: “¡¡los madrileños, han llegado los madrileños!!”. Nuestra llegada es algo así como cuando llegó el oso panda al zoo de Madrid.
El caso es que a los dos mayores no les vimos prácticamente el pelo, porque se pasaban el día con su pandilla. A ver, exagero, sí les veía pero de lejos. La urbanización es cerrada y con muchas zonas comunes, así que no tiene peligro y se lo pasan genial. A la playa iban con nosotros, pero tardaban cero segundos en localizar algún amigo alrededor con el que irse a jugar o a saltar olas.
Después de cenar volvían a salir al jardín con los amigos, momento en el que se han dado situaciones surrealistas, como uno de los días en el que les dije que a las 11 en casa y me contestó el Niño apesadumbrado: “me estás hundiendo la vida”.
En fin. Las madres somos así. Muy de hundir la vida porque queremos que nuestros retoños se duerman a una hora razonable. La verdad es que están los dos bastante tontitos. Tienen momentos geniales en los que vuelven a ser los de siempre, pero ya no es como antes, que siempre daba gusto estar con ellos y te partías de risa. Supongo que esto es la pre-adolescencia o adolescencia en estado puro, pero me aburre soberanamente.
Por otra parte la que sí está disfrutable a tope es la pequeña, se ha portado genial porque es más buena que un pan. Le ha encantado la playa, se ha bañado, ha comido arena, ha jugado con las olas… Una delicia verla. Ha estado feliz y graciosa a rabiar.

De Andalucía nos fuimos directos al sur de Galicia, a Rías Bajas, atravesando Portugal.
En Galicia ya sabemos lo que nos espera, pero también lo disfrutamos mucho. Familia, comida buenísima, agua de mar helada, paisajes preciosos y mucho descanso.
Lo hemos pasado muy bien, como siempre que vamos a Galicia. Aunque de los cinco, yo soy la que menos disfruto. La pequeña ha alucinado con los gatos y los perros en casa de los abuelos paternos. Los dos mayores se lo pasan genial con los primos, hacen vela, y reciben muchos mimos abueliles. Para mi marido es volver a su tierra, así que el disfrute lo lleva a nivel de necesidad de ir. Os hacéis a la idea de que lo mío no está al nivel del resto. De hecho me encanta Galicia, pero tampoco me importaría saltármelo algún verano para poder ir a otro destino, que anda que no hay sitios maravillosos en España… Pero nada, con conseguir tener la mitad de las vacaciones en un destino en el que poder meter un pie en el agua de mar sin riesgo de congelación, me doy con un canto en los dientes.


Os cuento además que estamos en semana de cumpleaños. El domingo fue el mío y mañana el de mi hija mayor, que cumple trece años. Lo digo y no me lo creo. ¿Cómo es posible que cumpla ya trece años?. Se me pone la piel de gallina. Hace nada era mi bebé, hace menos que nada era mi niña pequeña que se acurrucaba conmigo en el sofá en el que cabíamos las dos estupendamente.  Ahora mide lo mismo que yo y soy una mujer alta. Es una señorita con ideas propias y mucho carácter. A veces me quedo mirándola y me sorprendo, como si no fuera mi hija, como si de un día para otro, se ha convertido en una mujer desconocida.
No voy a rememorar su nacimiento porque creo que ya lo he hecho otros años, es lo que tiene llevar ya más de cuatro años de blog, que como no tenga cuidado me repito, porque al final la vida es cíclica y vuelves a los cumpleaños, a los mismos sentimientos removidos y a los mismos eventos anuales.
Para mi cumpleaños, mi hijo tuvo su momento de gloria cuando me dijo que mi regalo era que me daba 10 euros de sus ahorros y que me bajara a comprar algo. Mira que le conozco y aún así sigue sorprendiéndome. Lo peor es que el tío orgulloso de su idea, no entendía lo de “se trata de tener un detalle y que tú hayas pensado en mí y te hayas molestado en comprar o hacer con tus manos un regalo”. “¡Pero qué mejor detalle que éste, si tú te conoces mejor y vas a acertar más que yo con lo que compres!!!”.

jueves, 7 de julio de 2016

Me voy de vacaciones

Paso a despedirme porque este mismo viernes nos vamos de vacaciones tres semanas. Aunque dada la pobre frecuencia con la que publico últimamente, igual ni notabais la ausencia.

Vamos a hacer un combinado sur-norte que es el que venimos repitiendo los últimos años, pero con la diferencia de que no pasamos por Madrid, curramos unas semanas, y hacemos maletas de nuevo. Sino que en esta ocasión salimos rumbo al sur, y de allí subimos directos por Portugal hasta Galicia. Gambitas-lacón_con_grelos en conexión directa.

Tengo mucha ansia de vacaciones. Este curso ha sido duro. Reincorporación laboral en octubre tras pasar casi un año en casa con mi pequeña. Acoplarme a nuevos horarios y rutinas. El hombro congelado y su tratamiento diario, he mejorado mucho desde que me tratan en la seguridad social, pero aún así, todavía queda. Y el hecho del que ya os hablaba hace poco, de que mi biorritmo sigue siendo el de una chavala de catorce años con cursos escolares de septiembre a junio y parón estival. El caso es que estoy deseando verme en la playa, comiendo coquinas, paseando sin mirar el reloj y bañándome en el mar con mis churumbeles. Llevo el ebook cargadito de libros a ver si le puedo dar buen uso.

En las últimas semanas he tenido ganas de escribir, pero no he encontrado el momento. Mi rutina desde junio ha sido: salgo a las tres de trabajar, voy corriendo a casa, preparo las bolsas de piscina y como tarde a las cuatro estamos rumbo al club que es donde mejor se está, porque hay mucho árbol, césped y piscina. A las 18:40 al coche de vuelta porque mi rehabilitación es a las 19 horas, suerte que el hospital nos pilla de camino a casa, así que yo me bajo y marido e hijos siguen rumbo a casa. Cuando llego tenemos el lío de las cenas, preparar lo del día siguiente, la enana que se desvela y no se quiere dormir… para cuando tengo todo terminado no está una para ponerse a escribir unas líneas.
Uno de los temas sobre el que escribí un post mentalmente antes de dormirme es el siguiente. Lo voy a resumir mucho porque ya no tengo la inspiración que me da la almohada. No aguanto la tendencia a no querer manifestarse claramente sobre algo, queriendo quedar bien con todas las posturas o las opciones elegidas por otros. Esto lo observo en muchos ámbitos, pero el otro día el detonante fue un comentario en un foro maternal. Era algo así como que igual de bueno para tu hijo es que le des leche materna o de fórmula, lo mejor es siempre lo que la madre elija. Hay que recordar que se pueden tener ideas claras y ser educado y respetuoso con las de los demás.

Sobra decir que la madre tiene la opción de elegir. Yo misma he dado leche de fórmula cuando me ha venido bien. Pero para el bebé, no es igual de buena una opción que la otra. Puede serlo para la madre, para la familia en su conjunto, y sobre todo es respetable. Pero ya está. No queramos ser más buenos que nadie dejando a todos contentos como si tuviéramos una inmadurez incapacitante que no nos permite llamar a las cosas por su nombre y asumirlas con serenidad. Ni malamadre ni santamadrehagasloquehagas.

Yo a mis hijos les he dado el pecho porque he querido y podido, pero con ninguno he durado más de ocho meses simplemente por las circunstancias y la falta de ganas de dar más tiempo. Pero no voy a decir que es igual de bueno que si hubiera dado un año, porque lo mejor es lo que decida la madre. No. Lo mejor según la OMS, pediatras y fuentes reconocidas de salud pública, es dar el pecho durante un año, los seis primeros meses en exclusiva. Si no lo haces porque no te viene bien, porque no te da la gana, porque no puedes, estupendo. Pero no hace falta dar la vuelta a los discursos para quedarnos todos tranquilos como si somos niños de jardín de infancia.

Hay cosas que objetivamente son mejores que otras, y luego nosotros podemos elegir.
La coletilla de que lo que elija una madre siempre es lo mejor, es de traca. Por desgracia hay muchos padres que no eligen lo mejor para sus hijos, de hecho, todos en algún momento no lo hacemos.
Cada vez veo todo más polarizado, en posturas que estigmatizan al que no comparte su punto de vista y ahora el todo vale. La extrema derecha, la extrema izquierda y la anarquía. Cuando lo bueno está siempre a mitad de camino, en la lógica y el sentido común, más que en radicalismos. Y de entre todos los radicalismos, creo que el “buenismo” es de los que peor me caen.

¡Igual simplemente es que necesito vacaciones urgentemente!.

Que disfruten ustedes de estas tres semanitas que yo lo intentaré arduamente por mi parte.

domingo, 3 de julio de 2016

La convivencia es fatal para el amor

Tengo una compañera que tras una relación de 18 años, lo ha dejado con su pareja y ha tardado un mes en estar con otro y dos meses en vivir juntos.

Este tipo de historias siempre me sorprenden. Especialmente en la parte de irse a vivir juntos.

La convivencia me parece lo peor para el amor. Si no fuera porque queríamos formar una familia, yo habría seguido viviendo sola en mi propio piso y con mi novio en el suyo y tan felices todos. Compartir dormitorio, baños y nevera es fatal para el romanticismo.

Y bueno, cuando es la primera convivencia uno va ignorante e ingenuo a la hoguera. Pero reincidir con tan poco margen de tiempo, me parece una temeridad.

Yo quiero mucho a mi marido, con el que llevo más de veinte años, entre noviazgo largo y matrimonio. Sin embargo hay días que le mataría, y siempre es por algo derivado de la convivencia. Y qué decir de mal dormir entre ronquidos soñando con taladradoras… eso entiendo que no es un problema en todas las convivencias, pero otros tendrán pegas que yo no tengo, porque como decía la portera Grego: “el que no la da del bazo, la da del espinazo”. Gran potera y gran filósofa, la Grego. Muchos años tuve a bien disfrutar de su sabiduría cuando estuvo de portera en casa de mis padres.

Volviendo al tema: espero que nos dure lo que tenemos toda la vida, pero si no fuera así, no metería a otro hombre en mi casa ni loca. Ni aunque fuera el amor de mi vida y mi hombre soñado. Es más, si lo fuera con más razón no le metería en mi casa para no estropear el invento.

Esta compañera en lugar de estar de tortolitos como se supone que tiene que ser el primer año de relación, saliendo a cenar, quedándose un día a dormir en casa del novio y que te resulte gracioso el follón que monta en la cocina para preparar unas tortitas… Se han metido a vivir juntos y a reformar la casa. Te cagas. Una reforma. Si la convivencia mata la reforma ya te sepulta.

Le oigo hablar con él y discutir porque le ha roto el espejo del armario que llevaba en perfecto estado quince años. ¿Y qué quieres, alma de cántaro?.

Compartir armario, otro horror solo comparable a compartir nevera. Yo calculo que tengo unos quince kilos de más por compartir nevera. Aquí el caballero tiene un cuerpo deportista que quema calorías sin piedad y se puede permitir unas cenas deliciosas. Mientras que el mío engorda solo con abrir la tapa del paté y prepararme a cortar el queso.

Con hijos de por medio es otro cantar. Además de que creo que para los hijos es mejor tener al padre y la madre, ya es una cuestión de supervivencia. Trabajando y con una vida ajetreada, es necesario que estemos ambos al pie del cañón. De hecho cuando marido se va de viaje le echo infinito de menos y reconozco que aparte de porque le eche de menos a él, es porque echo de menos su papel en la familia.

Antes de tener hijos, si estaba fuera le echaba de menos, pero también le veía sus ventajas a una separación corta que te permite valorar lo que tienes y a la vez estar a tu aire durante unos días.

En fin, que ustedes convivan bien.

sábado, 18 de junio de 2016

Manías

Últimamente he leído varios post sobre manías y puesto que ando carente de tiempo y de ideas para escribir, voy a copiar la idea, pero en lugar de manías solo mías, voy a escribir las de los niños también.

Mis manías
  • Duermo con un vaso de agua en la mesilla. Pocas veces bebo durante la noche, pero si no tengo el vaso no consigo dormirme. He intentado quitarme la manía en alguna ocasión pero si ya soy mala para conciliar el sueño cuando se dan todos los factores necesarios, no te quiero contar si falla la más mínima cosa.
  • Duermo con tapones. Sí, soy una plastufa mayor para dormir. Creo que es una de mis mayores lacras, la fragilidad de mi sueño unido al hecho de que necesito bastantes horas. Si al menos fuera de esas personas que necesita cinco horas, pues ni tan mal. Pero no, necesito dormir y sin embargo me cuesta hacerlo con calidad.
  • No me gusta nada el tacto de la crema, así que el cuerpo solo me lo encremo un día a la semana y a veces ni eso. En la cara sí me pongo crema diariamente aunque con una capa muy finita. Pero en el cuerpo necesito tener tiempo para que se absorba antes de vestirme, eso es algo que normalmente solo se produce los domingos. Sin embargo tengo buena piel, o eso dice mi madre, que es de las que se echa una tonelada diaria y aún así la tiene seca.
  • No soporto llevar el pelo suelto ni que me roce la cara. Nunca llevo flequillo por ese motivo, soy de melena corta con diadema muy fina, del color de mi pelo para que casi ni se vea, pero que me mantenga las melenas alejadas de la cara. Cuando veo la gente con flequillos que llegan casi a los ojos, o con el pelo muy encima de la cara, me pongo hasta nerviosa.
  • Duermo con calcetines, invierno y verano. Lo he separado de los dos primeros para no parecer una neurótica… pero sí… otra manía relacionada con el momento de irse a dormir.
  • No me gustan los perfumes, ni llevarlos yo ni olerlos a los demás. Me parce que ocupan demasiado espacio en los sentidos, no me dejan respirar bien ni captar los sabores de la comida… Y en definitiva, que no me gustan. Yo uso muy suave tipo colonia de baño y el mismo desde hace años.
  • Soy muy fan del Excel y su uso como hoja de cálculo lo veo lógico, pero en mi caso también lo uso para hacer listas. No me vale un papel normal, apunto la lista de lo que tengo que llevar en la  maleta, la lista de la compra, la de tareas pendientes... ¡en Excel!, no tiene ningún sentido, así que ¡otra manía!.
La Niña
  • Se encrema siempre los pies antes de irse a la cama. Pero es una manía justificada porque tiene los pies y las manos siempre secos. Es algo que me sorprende porque yo tengo una piel siempre hidratada y ella desde canija tiende a la sequedad.
 
Y ya está. Por más que he pensado no he encontrado más manías de la Niña. Es increíble, pero creo que no tiene ninguna, es demasiado racional para tener manías. Tiene gustos, como que prefiere la leche fría para los cereales, pero si un día no lo está tampoco le importa. Y tiene peculiaridades como que es sonámbula y a veces nos aparece en mitad de la noche a soltarnos cualquier incongruencia como que quiere lentejas. Pero manías como tales, mi princesa mayor no tiene
 
El Niño
  • Sus principales manías vienen con el tema ropa y calzado. Todo tiene que ser muy suave, muy amplio y cómodo. Es fan del algodón y de las tallas extra loose.
  • Se despelota para cagar. Así de fuerte amigos. Sea invierno o verano, él se quita toda la ropa. Con razón solo lo hace en casa, claro.
  • Tiene un montón de muñecos pequeñajos, de estos que son de plástico del tamaño de un dedo, con formas como de monstruitos (slag terra, los basurillas, etc.). Y los tiene que tener en fila en una balda al lado de su cama. Parece que están así de forma casual, pero no, él nota si los cambiamos o movemos para limpiar, y antes de dormirse los coloca de nuevo como tienen que estar.
  • Su cuarto es pequeño y abigarrado de cosas, pero a él le gusta así y no quiere que se lo cambiemos. Cuando nos oye hablar de cambiar de casa le da un jamacuco, y eso que el que más saldría ganando con un cambio a una casa mayor sería él. Sin embargo su cuarto le parece lo mejor del mundo, tal y como es.
  • Le cuesta muchísimo tirar o desprenderse de sus cosas. Cuando digo que le cuesta me refiero a que casi llora cuando le tiro unos calzones agujereados y cuando era más pequeño me decía que los guardase para sus hijos… Si por él fuera, toda la ropa y juguetes que han pasado por su vida, los habría guardado. Y también los muebles, hace un par de años cambiamos el sofá del salón y se despidió llorando abrazado al sofá. También quería que se lo guardáramos para cuando él tuviera su propia casa. Vamos, que necesitaríamos un almacén tamaño IKEA para guardar todo lo que él querría.
  • Le gusta tomarse algo de sabor fuerte antes de irse a la cama. Tendría unos seis años cuando nos dijo que uno de sus mayores sueños sería irse a la cama con un trozo de queso de cabrales deshaciéndose en su boca. Im-presionante.
 
La pequeña
  • Tiene que tomar el biberón de la cena antes que el sólido. Esto es algo que nunca me habría planteado en este orden. A los mayores siempre les di primero la cena sólida (arroz o fideos, etc.) y luego el biberón, con el que, de hecho, se solían quedar dormidos. Pues esta canija nos pide que sea al revés. Cuando le doy primero el sólido ya no quiere tomar el bibe después. Y sale de la bañera siempre pidiendo bibi, así que hemos cambiado la rutina para hacerlo como le gusta.
  • Le gusta dormirse tocando un fular mío. Es uno precioso que antes me ponía mucho pero que últimamente solo se utiliza para sus sueños y ya está siempre en su cuna como si es una sabanita más.
  • No se termina las galletas ni el pan que le demos, siempre del último trozo deja un poco.
  • Sus canciones favoritas tiene que oírlas un mínimo de tres veces seguidas. En cuanto está terminando ya empieza con el: ¡mah, mah!. Para que se la pongamos otra vez.
  • El agua se lo estamos empezando a dar ya en vaso, en lugar de en bibe, y antes de beber agua, mete el dedo en el vaso. No falla, siempre lo hace así, le encanta tocar el agua primero.
 
Y hasta aquí hemos llegado, seguro que si pienso más, saldrán más manías, pero del tirón estas son las que salen. ¡Besos para todos y feliz fin de semana!

martes, 7 de junio de 2016

Muy cansada

Os cuento que estoy cansada de pelotas. Mi biorritmo se quedó atrapado en los años escolares y a estas alturas del curso necesito el parón veraniego. Entre la primavera con su correspondiente alergia al polen, los cambios de temperatura, que en Madrid pasamos del frio de Invernalia al calor del Sáhara en cero coma, el cansancio acumulado y la perspectiva de vacaciones…. estoy que no me hallo.

El caso es que mi biorritmo sigue anclado en 1990, pero yo ni soy estudiante ni soy profesora, así que en verano tendré 3 semanas de vacaciones y me doy con un canto en los dientes. Todavía no han empezado y ya me saben a poco. Me da como ansiedad que se me gasten demasiado rápido, porque mi cuerpo serrano y yo, necesitamos una unidad mínima de dos meses de vacaciones. Ay omá qué dura es la vida.

Además del cansancio propio de esta época del año, se unen unas circunstancias poco favorecedoras:

- Sigo con la rehabilitación del hombro. Voy todas las tardes de 7 a 8 a un conocido hospital público madrileño a que un fisio muy majete movilice mi hombro en direcciones imposibles para mi maltrecha articulación. Estoy muy contenta con el servicio y los profesionales, porque después de meses de tratamiento, por fin allí he dado con un traumatólogo que me ha explicado en condiciones la capsulitis adhesiva también conocida como hombro congelado. Entre las sesiones por privado y las de la seguridad social ya llevo la friolera de 46 sesiones y tres infiltraciones. He mejorado pero todavía queda mucho por delante.

- Toda esta semana tengo al marido de viaje en El Salvador. Llevamos la organización familiar-doméstica tan justa, que cuando falta uno de los dos se nota mucho. Esta semana estoy necesitando que venga por las tardes la persona que nos ayuda en casa, para poderme ir yo a fisioterapia, por ejemplo. El hombro me está saliendo carísimo en tiempo y en dinero gastado directa o indirectamente en él.

- La pequeña de la casa, a sus dieciocho meses que cumple hoy, está infatigable, creo que ahora es la época más cansada desde que nació. Yo estaba mentalmente preparada para que sus primeros meses de vida fueran duros. Entre la lactancia materna y el dormir poco, recordaba esa época con los dos mayores mucho más dura de lo que ha resultado con ésta pequeña. En realidad todo su primer año me ha resultado muy fácil. Ha sido al volver a trabajar y especialmente en los últimos meses, cuando estoy más cansada. Ahora ya no camina, corre, como vaca sin cencerro y sin rumbo fijo. No para. Duerme menos que antes y cada día trasnocha más. Un caos. Los hermanos mayores se acuestan a las nueve de la noche, y ella antes de las diez rara vez plancha oreja. Durante la noche tiene varios microdespertares y algún día directamente se desvela un rato. Por ejemplo anoche: estuvo conmigo en el salón hasta las diez y media, con una juerga como si fueran las doce del mediodía. Y luego a las tres de la mañana me la encuentro de pie en la cuna llamándome a grito pelao y con una actitud de estar ya completamente descansada. Una hora de reloj con ella en mi cama hasta que la moza consiguió dormirse de nuevo. Claro que luego ha dormido hasta las diez de la mañana mientras la menda estaba a las ocho ya currando en la oficina. En el tema del sueño nocturno parece que hayamos ido para atrás, porque de recién nacida casi dormía la noche del tirón y ahora mira qué plan tenemos. De todas formas es tan mona que se la perdona todo. Ahora está divertidísima, intenta repetir todo lo que decimos nosotros, con esa lengua de trapo que tiene. La hermana mayor le ha enseñado a decir a modo pastor payés: ¡choootoooo!. La historia viene porque una amiga de mi suegra contó que mi marido de pequeño en cuanto le llevaban al campo y veía un animal, el que fuera, gritaba: ¡choootooo!. Y ahora es la nena la que va por toda la casa como si tuviéramos una ganadería en el pasillo. Los hermanos también le han enseñado a decir pedete, y lo suelta cada vez que ve el ánimo un poco bajo, porque ya ha visto que con que grite un par de veces PEDETE, especialmente si hay público desconocido delante del tipo: haciendo la cola para pagar en el súper, se producen grandes risas.

La verdad es que es una monada de niña, simpática y cariñosa, pero agotadora también, las cosas como son.

En definitiva, que yo lo que necesito es que me toque el euromillón y no tener que madrugar. Creo que con eso se me arreglaría todo, hasta el hombro…