No penséis que me acabo de dar cuenta, que hace mucho que entré en la debacle de la edad adulta. Pero una conversación con mis hijos ha puesto el tema encima de la mesa.
No sé exactamente cómo llegamos al tema de las preocupaciones, pero el caso es que el Niño dijo que estaba preocupado.
- ¿Qué es lo que te preocupa hijo?
- A ver si lo adivinas. ¡Tú no L.! que me conoces y aciertas a la primera, que lo adivine mamá – sin comentarios sobre que suponga que su hermana le conoce mejor que su madre, jrrrrrr –
- ¿Suspender alguna?
- ¡Qué va mamá!, no tienes ni idea. Eso te preocupa a ti
Touché. Golpe bajo. Efectivamente estoy yo mucho más preocupada por su rendimiento escolar que él. Me puse las pilas y empecé con una larga enumeración de catástrofes en plan: apocalipsis zombie, la muerte, quedarte sin amigos… Y a todo las redichas respuestas de: NO … NO … para nada … no tienes ni idea.
Finalmente me rendí y un tanto humillada le pregunto a la hermana mayor.
Yo de pequeña también tenía preocupaciones, pero qué gusto de preocupaciones… quién las pillara ahora. Que me creciera el pelo porque mi madre me llevaba demasiado a la pelu con la excusa de cortar puntas y salía trasquilada cual marine, ese era el gran drama de mi infancia. También le di un poco al drama con el tema de la muerte, y cuando me acostaba me ponía a pensar en el tema desvelándome unos cinco minutos y medio. Y poco más que recuerde.
Los problemas de ahora son reales, presentes, tienes que abordarlos sí o sí. Trabajar, pagar la hipoteca, hacer frente a los doscientos recibos mensuales, comprar la comida, tener un menú sano para tu prole y ya puestos para ti misma. Reuniones del cole. Revisiones médicas. Educar. Ser buena madre y que me quieran mis hijos. Llegar al equilibrio disciplina y buen rollo. Que no se enfermen. Que no le pase nada a la pequeña cuando está con su cuidadora mientras yo trabajo. La posibilidad de cambiar de casa porque desde que somos familia numerosa se nos queda pequeña pero a la vez se me ponen los pelos como escarpias de pensar en comprar, vender, reformar y arruinarme, todo en uno.
Y la madre del cordero de mis preocupaciones: tener una buena relación con mi marido. Entiendo perfectamente a las parejas que se separan. Es tremendamente difícil llevar una buena relación de pareja, una buena convivencia y estar de acuerdo como padres. Me parece que es más fácil cada parcela por separado, pero todo junto se monta la marimorena. Es decir, si no convives, es mucho más fácil tener una buena relación de pareja. Estuvimos ocho años de novios y creo que no peleamos nunca. Cuando uno estaba cansado o de mala leche, pues no nos veíamos y listo. También creo que se puede tener una fácil convivencia cuando no se mezclan sentimientos amorosos de por medio. He compartido piso con amigas y las reglas de juego estaban más claras. Pero después de tantos años juntos como llevamos nosotros, y en una vida aperreada de trabajo, cansancio, sueño, recursos limitados y tres hijos… es difícil encontrar momentos de romanticismo y no crisparte por encontrarte los calcetines en la mitad del salón. Hace años no entendía tantas separaciones, y ahora cada día lo entiendo más, y me preocupa. Es mi top one de las preocupaciones. Pero tengo muchísimas más, solo he hecho un pequeño censo de lo que se me ocurre a bote pronto…






