Pues ya estoy aquí. Parecía que iba a ser mucho lo de tres semanas en la playa, pero al final no ha sido tanto. Como dice la canción: pasa la vida, igual que pasa la corriente cuando el río busca el mar.
Imposible resumir esas tres semanas en un relato compacto y uniforme. Las tres semanas solo comparten escenario, en lo demás han sido bien distintas cada una.
Empecemos por el principio. El día 19 fue el último día de colegio, tuvieron su festival y les dieron las notas. La Niña todo sobresalientes excepto un notable en religión. Se quedó chafada un nano-segundo y en seguida resolvió el tema diciendo: No me importa, total, no tengo pensado ser monja. Más que inteligente, que también, los resultados se deben a lo mucho que se esfuerza. Recuerdo un día que la decíamos que dejara ya de estudiar y viniera a la cena nos decía: bueno, voy, pero luego vendrán los 8,5 y lloraremos. Nadie llora por un 8,5. Es más, si el Niño saca un 8,5 yo monto una jarana que ni en noche vieja. Pero ella es así, no se conforma con menos de 9. Ha terminado primaria con un expediente impresionante.
Por su parte el Niño tiene como objetivo un 6, que es un bien y como su nombre indica es una nota que está bien, argumenta el jodío chaval. A veces se queda en su objetivo, otras baja al cinco y algunas de pura chiripa consigue un notable. Como era de esperar y con esa filosofía de vida académica, sus notas fueron muy reguleras.
Volviendo al relato de las vacaciones, el 19 de junio al medio día salimos de viaje. Un total de siete horas y diez minutos, de conducción seis horas (matizaría mi marido), un peñazo lo mires como lo mires.
La primera semana estuvimos juntos los cinco, en paz y armonía. La primera semana fue muy de euforia, playa y pescadito. Uno de los días íbamos paseando por la playa el Niño y yo con la pequeña en la mochilita, y de pronto el Niño se para y se agacha. ¿Qué haces hijo? - Nada, enterrar al cangrejo Georgi. Creo que está simple anécdota resume muy bien la gestión del tiempo de mi chaval. A él no le cunde para cosas prácticas de la vida, pero en dos segundos había visto un cangrejo, le había puesto de nombre Georgi, se había percatado de que estaba muerto y lo estaba enterrando. El es así.
La segunda semana el marido volvió a currar a los madriles, y yo con mi excedencia me quedé sola en la playa con nuestros tres hijos. Esa semana podría decirse que tuve un leve miedillo palpitando sobre capas de felicidad. Estar sola con tres niños en una urbanización frente al mar, sin coche, con el pueblo más cercano a 8 km, tiene su aquel. Pero pesó más lo bueno que ese runrun de "anda, que como nos pase algo, aquí estamos más solos que la una". Bendita soledad, pensaría días más tarde. En general me organicé bastante bien con los tres, pasamos muchas horas de playa, de risas, terraza y jardín.
La tercera semana... ay la tercera semana. Diría que fue bastante horrible, pero es posible que la palabra se quede corta. Voy a dar unos retazos sin profundizar mucho, para que os hagáis una idea. Aparecieron mis suegros, en plan, para ayudar. Ahora me río. Las pocas veces que les he mencionado en este blog he dicho que me llevo bien con ellos. Y es así. Pero ay. Qué cansinos son. Divertidos, cáoticos, simpáticos, siempre a la suya, disfrutones, poco empáticos... En fin, pa qué dar más datos.
También en esa tercera semana nos llegó la ola de calor, no tuve casi cobertura en el móvil, el Niño se torció un pie, los dos mayores hicieron pandilla en la urba y prácticamente no les vi el pelo. A las once de la noche tenía que salir a buscarles a grito pelau para que volvieran a dormir...
Y la traca final de esa tercera semana ha sido la vuelta. Ocho horas y cuarenta y cinco minutos tardamos. La pequeña que ya gatea y ha espabilado muchísimo en vacaciones, no entendía qué hacíamos allí encerrados tantas horas. Atasco, calor infernal cada vez que parábamos, aire acondicionado a todo trapo, gritos de bebé de siete meses indignada con nuestro plan de mierda...
Y ahora tengo un millón de maletas y bolsas por el salón, pero yo en plan rebelión me dedico a escribir en el blog, ains....
lunes, 13 de julio de 2015
viernes, 19 de junio de 2015
Cerrado por vacaciones
Voy a ver si consigo emular a mi avatar. Me temo que va a ser difícil, pero la ilusión es lo último que se pierde.
Nos vamos a la playa. Los primeros días estaremos los cinco, y luego me quedo yo sola con los niños. Glub. Tengo ganas y risa nerviosa a la vez. A ver cómo se nos da el plan. Voy a estar sin wifi y no me voy a llevar el portátil, así que como mucho os leeré desde el móvil pero no escribiré nada. Ya os contaré a la vuelta.
Hoy empiezan las vacaciones escolares, durante los próximos casi tres meses estaré con mis tres retoños. A ver si sigo pensando lo mismo de la excedencia o termino el verano desquiciada. Se admiten apuestas.
jueves, 11 de junio de 2015
Seis meses
Seis meses.
Medio año de vida. Me parece increíble.
Seis meses de embarazo fueron como seis años. Seis meses de bebé han sido un suspiro.
Me gusta todo de mi pequeña. Me encanta cómo huele, cómo sonríe, esos dos minidientes, sus caricias suaves en mi pelo cuando la tengo en brazos, sus minipies tan preciosos... TO-DO. Así de ñoña estoy. Aceptaría con deportividad una estampida de lectores porque me lo merezco.
Al final y contra todo pronóstico, he conseguido mantener seis meses de lactancia materna a base de sacaleches eléctrico. La pediatra, matrona, amigos y familia, estuvieron todos de acuerdo en que pretender establecer la lactancia solo con sacaleches era imposible. Que había que intentar que la niña mamara y si eso no era posible, abandonar. Todos se han equivocado. Matt: un punto; el resto de agoreros unánimes: cero puntos.
Cuando en la revisión de los seis meses me han dicho que ya podía empezar con purés de verduras y frutas, casi me pongo a bailar el ganghan style en plena consulta. Mis pezones y yo quedamos muy agradecidos.
Sin embargo, la operación cuchara está costando más de lo que pensaba. Haciendo memoria es cierto que a su hermana también le costó. Al niño no, pero porque con él nunca hay problema cuando se trata de comer.
El triste balance del segundo día de cuchara es:
- en su estómago debe tener unos dos milímetros (tirando por lo alto) de puré de zanahoria
- en su ropa, body, ¡¡¡incluso pañal!!! un 80% del puré preparado
- en sus mofletes, labios, manos y orejas, el resto
Offuuuuu, lo que le cuesta a la tía tragar el puré. Lo ensaliva bien, y cuando ha conseguido multiplicar el volumen de lo que la he metido en la boca, lo escupe.
Yo estoy tan zen y tan buenrollista que hasta me da la risa viendo liarla parda. Con su pobre hermana mayor me ponía de los nervios y pensaba que nunca iba a comer con cuchara. Qué petardos podemos llegar a ser los padres con el primer hijo... Se bien de lo que hablo por partida doble: soy hija mayor y madre.
Lo de ser el hijo mayor es un soberano coñazo. Todo el día abriendo puertas que tus hermanos se encuentran ya abiertas. Ser padres primerizos lo mismo, yo me sonrío condescendiente cuando recuerdo las tonterías y los atufes que me he cogido yo con mi mayor. Y lo que me queda, porque me temo que es inevitable.
Medio año de vida. Me parece increíble.
Seis meses de embarazo fueron como seis años. Seis meses de bebé han sido un suspiro.
Me gusta todo de mi pequeña. Me encanta cómo huele, cómo sonríe, esos dos minidientes, sus caricias suaves en mi pelo cuando la tengo en brazos, sus minipies tan preciosos... TO-DO. Así de ñoña estoy. Aceptaría con deportividad una estampida de lectores porque me lo merezco.
Al final y contra todo pronóstico, he conseguido mantener seis meses de lactancia materna a base de sacaleches eléctrico. La pediatra, matrona, amigos y familia, estuvieron todos de acuerdo en que pretender establecer la lactancia solo con sacaleches era imposible. Que había que intentar que la niña mamara y si eso no era posible, abandonar. Todos se han equivocado. Matt: un punto; el resto de agoreros unánimes: cero puntos.
Cuando en la revisión de los seis meses me han dicho que ya podía empezar con purés de verduras y frutas, casi me pongo a bailar el ganghan style en plena consulta. Mis pezones y yo quedamos muy agradecidos.
Sin embargo, la operación cuchara está costando más de lo que pensaba. Haciendo memoria es cierto que a su hermana también le costó. Al niño no, pero porque con él nunca hay problema cuando se trata de comer.
El triste balance del segundo día de cuchara es:
- en su estómago debe tener unos dos milímetros (tirando por lo alto) de puré de zanahoria
- en su ropa, body, ¡¡¡incluso pañal!!! un 80% del puré preparado
- en sus mofletes, labios, manos y orejas, el resto
Offuuuuu, lo que le cuesta a la tía tragar el puré. Lo ensaliva bien, y cuando ha conseguido multiplicar el volumen de lo que la he metido en la boca, lo escupe.
Yo estoy tan zen y tan buenrollista que hasta me da la risa viendo liarla parda. Con su pobre hermana mayor me ponía de los nervios y pensaba que nunca iba a comer con cuchara. Qué petardos podemos llegar a ser los padres con el primer hijo... Se bien de lo que hablo por partida doble: soy hija mayor y madre.
Lo de ser el hijo mayor es un soberano coñazo. Todo el día abriendo puertas que tus hermanos se encuentran ya abiertas. Ser padres primerizos lo mismo, yo me sonrío condescendiente cuando recuerdo las tonterías y los atufes que me he cogido yo con mi mayor. Y lo que me queda, porque me temo que es inevitable.
miércoles, 10 de junio de 2015
Mi madre
Mi madre, esa mujer que entró al paritorio a tener a su primera hija maquillada, para que yo la viera guapa cuando naciera. Esa mujer.
Mañana viene a Madrid tras pasar los últimos dos meses en el sur, tostándose al sol y caminando como si entrenara para hacer el camino de Santiago. Acabamos de tener una conversación telefónica surrealista
- Nena, estoy saliendo de hacerme una limpieza facial y ahora voy a que me pinten las uñas. Que me vea guapa mañana mi nieta pequeña
- ¡Pero mamá! ¿estás de coña?. Los bebés no tienen el sentido estético que tenemos nosotros
- Buuueeeenoo, eso dices tú
- ¡Mamá!, no me pongas nerviosa... ¿cómo va a fijarse un bebé en si tienes limpieza facial?
- ¿Ella a tí te ha contado en qué se fija?. Mira nena, de los bebés no sabemos nadie nada, así que yo prefiero hacerlo a mi estilo.
Y punto pelota. Ella es así, no se puede razonar con mi madre cuando se trata de estar guapa.
Más distintas no podemos ser. Cada vez que me cuenta el momento nacimiento de su primera hija, aka yo misma, de verdad que siento vergüenza ajena. ¿Cómo se quedaría el ginecólo cuando la viera entrar en el paritorio maquillada al estilo Dinastía?, prefiero no saberlo, ya bastante duro es imaginarlo. Con lo fan que soy yo de la cara lavada...
En realidad me quejo porque es mi costumbre y lo que llevo haciendo desde que tengo uso de razón, pero en el fondo me gusta que sea así. Si las dos fuéramos tan sosas y pragmáticas como es una servidora, no tendría ninguna gracia la cosa.
Si lo pienso, siempre he buscado en mis amigas mujeres muy distintas a mi, puede que sea algo a lo que estoy habituada por mi relación con mi madre. Mi mejor amiga de la infancia era una gamberrilla y mala estudiante, para contrarrestar lo empollona y responsable que era yo, supongo. Menuda pareja extraña hacíamos las dos juntas.
El caso, que mañana tenemos aquí a la abuela a pasar dos semanitas, porque ya no aguantaba más el mono de ver a sus nietos. Voy a ganar muchas horas al día ahora que no voy a tener que estar enviándole fotos y videos de sus nietos como si no hay mañana.
Mañana viene a Madrid tras pasar los últimos dos meses en el sur, tostándose al sol y caminando como si entrenara para hacer el camino de Santiago. Acabamos de tener una conversación telefónica surrealista
- Nena, estoy saliendo de hacerme una limpieza facial y ahora voy a que me pinten las uñas. Que me vea guapa mañana mi nieta pequeña
- ¡Pero mamá! ¿estás de coña?. Los bebés no tienen el sentido estético que tenemos nosotros
- Buuueeeenoo, eso dices tú
- ¡Mamá!, no me pongas nerviosa... ¿cómo va a fijarse un bebé en si tienes limpieza facial?
- ¿Ella a tí te ha contado en qué se fija?. Mira nena, de los bebés no sabemos nadie nada, así que yo prefiero hacerlo a mi estilo.
Y punto pelota. Ella es así, no se puede razonar con mi madre cuando se trata de estar guapa.
Más distintas no podemos ser. Cada vez que me cuenta el momento nacimiento de su primera hija, aka yo misma, de verdad que siento vergüenza ajena. ¿Cómo se quedaría el ginecólo cuando la viera entrar en el paritorio maquillada al estilo Dinastía?, prefiero no saberlo, ya bastante duro es imaginarlo. Con lo fan que soy yo de la cara lavada...
En realidad me quejo porque es mi costumbre y lo que llevo haciendo desde que tengo uso de razón, pero en el fondo me gusta que sea así. Si las dos fuéramos tan sosas y pragmáticas como es una servidora, no tendría ninguna gracia la cosa.
Si lo pienso, siempre he buscado en mis amigas mujeres muy distintas a mi, puede que sea algo a lo que estoy habituada por mi relación con mi madre. Mi mejor amiga de la infancia era una gamberrilla y mala estudiante, para contrarrestar lo empollona y responsable que era yo, supongo. Menuda pareja extraña hacíamos las dos juntas.
El caso, que mañana tenemos aquí a la abuela a pasar dos semanitas, porque ya no aguantaba más el mono de ver a sus nietos. Voy a ganar muchas horas al día ahora que no voy a tener que estar enviándole fotos y videos de sus nietos como si no hay mañana.
viernes, 5 de junio de 2015
Tres años de blog
El siete de junio de 2012 escribía mi primer post. Nunca me releo, pero lo he hecho ahora y me da hasta vergüencilla leerme, como vergüenza ajena pero sin ser ajena, que es peor.
Aunque a veces me parece que el tiempo pasa volando, la verdad es que cuando me recuerdo escribiendo esa entrada, soy consciente de que han pasado tres años y no ha sido en balde.
En ese momento estaba inmersa en un máster que me comía mucho tiempo y era el segundo en tres años. Trabajaba en un departamento diferente al de ahora. Tenía dos hijos de siete y ocho años; y yo tenía treinta y ocho. En fin, que en tres años ha cambiado todo mucho. Lo que no ha cambiado ni creo que lo haga nunca, es el censo que hacía de cosas que me gustan y que me disgustan.
A veces me pregunto por qué escribo un blog y no se qué responderme, ni me importa. Me gusta escribir mi blog igual que me gustaba escribir en mis diarios. El blog no me sirve para mejorar en mi escritura, ni para ganar un dinero extra, ni para ningún objetivo concreto. Y tal vez sea eso lo que más me gusta. Escribo porque sí, porque me apetece, sin esperar nada a cambio.
Sin buscarlo, aquí he encontrado personas estupendas. Aunque no me hago ilusiones porque de la misma manera que un día aparecen otro pueden desaparecer, como ya lo han hecho algunas. Pero mientras dura, disfruto el viaje en compañía.
También he encontrado aquí un espacio para reírme yo sola escribiendo anécdotas de mis hijos, es como disfrutarlas dos veces: cuando ocurren y cuando las cuento. Un espacio para escribir sin orden ni concierto. No me interesa hablar de un tema concreto para "segmentar la audiencia". No, eso no va conmigo, porque como ya he dicho, no me interesa rentabilizar mi hobby, al menos no ahora. Tampoco hago SEO ni nada que se le parezca, aunque me parece estupendo las personas que lo hacen porque tienen objetivos y expectativas puestas en su blog. Yo voy caminando por el parque y el que quiera correr que corra. Seguramente es más sano correr, pero no es mi rollo.
Quiero daros las gracias a todos los que pasáis por aquí, tanto a los habituales como a los que lo hacéis de vez en cuando. Es infinitamente más divertido escribir cuando sabes que te leen y te comentan. Me encanta que algunos esteis desde ese primer post y también me encanta recibir a los nuevos.
Crear el blog fue una idea genial y espero seguir por aquí mucho tiempo más, aunque sea en la forma irregular en que lo hago.
¡Muchas gracias por estar ahí!
Aunque a veces me parece que el tiempo pasa volando, la verdad es que cuando me recuerdo escribiendo esa entrada, soy consciente de que han pasado tres años y no ha sido en balde.
En ese momento estaba inmersa en un máster que me comía mucho tiempo y era el segundo en tres años. Trabajaba en un departamento diferente al de ahora. Tenía dos hijos de siete y ocho años; y yo tenía treinta y ocho. En fin, que en tres años ha cambiado todo mucho. Lo que no ha cambiado ni creo que lo haga nunca, es el censo que hacía de cosas que me gustan y que me disgustan.
A veces me pregunto por qué escribo un blog y no se qué responderme, ni me importa. Me gusta escribir mi blog igual que me gustaba escribir en mis diarios. El blog no me sirve para mejorar en mi escritura, ni para ganar un dinero extra, ni para ningún objetivo concreto. Y tal vez sea eso lo que más me gusta. Escribo porque sí, porque me apetece, sin esperar nada a cambio.
Sin buscarlo, aquí he encontrado personas estupendas. Aunque no me hago ilusiones porque de la misma manera que un día aparecen otro pueden desaparecer, como ya lo han hecho algunas. Pero mientras dura, disfruto el viaje en compañía.
También he encontrado aquí un espacio para reírme yo sola escribiendo anécdotas de mis hijos, es como disfrutarlas dos veces: cuando ocurren y cuando las cuento. Un espacio para escribir sin orden ni concierto. No me interesa hablar de un tema concreto para "segmentar la audiencia". No, eso no va conmigo, porque como ya he dicho, no me interesa rentabilizar mi hobby, al menos no ahora. Tampoco hago SEO ni nada que se le parezca, aunque me parece estupendo las personas que lo hacen porque tienen objetivos y expectativas puestas en su blog. Yo voy caminando por el parque y el que quiera correr que corra. Seguramente es más sano correr, pero no es mi rollo.
Quiero daros las gracias a todos los que pasáis por aquí, tanto a los habituales como a los que lo hacéis de vez en cuando. Es infinitamente más divertido escribir cuando sabes que te leen y te comentan. Me encanta que algunos esteis desde ese primer post y también me encanta recibir a los nuevos.
Crear el blog fue una idea genial y espero seguir por aquí mucho tiempo más, aunque sea en la forma irregular en que lo hago.
¡Muchas gracias por estar ahí!
viernes, 29 de mayo de 2015
Un día cualquiera en mi vida
7:45 empiezo a oír ruidos, la casa se despierta. Pisadas, persianas que se suben, puertas. Sigo adormilada aunque hace rato que dormida no estoy. Pienso que si no hubiera ampliado la baja maternal con unos meses de excedencia ahora estaría llegando al trabajo y sonrío. Agarro las sábanas, me estiro y disfruto estos minutos de somnolencia antes de levantarme. Salgo silenciosa de la habitación, donde dejo dormida en su cunita a la bebé. Ella comió a las 6 de la mañana y siguió durmiendo como cada día.
8:00 en la cocina ya están mis dos hijos mayores, se oye el ruido de la ducha de marido de fondo. "Pásame los cereales", "yo quiero queso fresco", "acábate el zumo que se van las vitaminas". Lo típico. Me parece un lujo poder desayunar con mis hijos, primero porque nunca lo hago por mi horario laboral, y segundo porque es un rato breve. Cuando se van al colegio les despido con la misma alegría con la que les saludo cada mañana. Es increíble la bulla que meten para desayunar y prepararse para ir al colegio. Cuando se van dejan un silencio como de convento tras el escándalo sonoro al que me someten cada mañana. En cuanto salen, me saco la leche con esas maquinejas llamadas sacaleches eléctrico, ganicas de perderlas de vista que tengo.
9:00 la nena se despierta. De buen carácter, no sale a madre. Juega un rato en la cunita, come, cambio de pañal. Luego la pongo en la hamaca y la llevo a mi baño. Me ducho bajo su atenta mirada.
11:00 nos arreglamos las dos y salimos a pasear. Cada día hacemos un recorrido. Casi siempre una parada, un día en la farmacia, otro el pescadero o el carnicero, hoy en Zara para comprar pantalones cortos a la mayor.
12:30 volvemos a casa. La dejo en la hamaca y me saco la leche otra vez.
Luego cambio de pañal, la doy de comer y la pongo a dormir.
13:30 hago mi comida y como. Me siento un rato en el sofá a leer o a ver algo en la tele.
15:00 la enana despierta con mucha energía. Grititos, juergas, no me dejes en hamaca ni cuna que solo quiero brazos y juergas.
16:45 al cole a por los hermanos con la merienda preparada. La vuelta a casa es otra vez una explosión, uno habla por encima del otro, los dos tienen muchas cosas que contar y poca paciencia para esperar a que el otro acabe. La enana les mira encandilada.
Pasamos la tarde sin pena ni gloria, como el resto del día a decir verdad. Los mayores hacen deberes y yo entretengo a la enana y me saco leche.
Por las tardes está muy demandante. Apuntito ha estado de quedarse sin el título de santina que ostentó con orgullo sus tres primeros meses.
Ahora es buena, pero muy activa y requiere mi atención casi de continuo.
19:45 baños, cena, ruido, conversaciones, voces. Terminan de cenar y yo les jaleo: ¡dientes, pis, camaaaaa!. Que es mi forma abreviada de decir lo de todos los días: que se laven los dientes, hagan pis y se vayan a la cama.
21:00 los mayores acostados, la enana echando una siesta. Recogemos la cocina a jarapo sacao y nos ponemos una serie. Hemos terminado "Hijos de la anarquía", de las que os hablé cuando estaba empezando y todavía no me tenía encandilada. La historia va mejorando a lo largo de las temporadas y los personajes se van perfilando mejor. Al final la valoración global es que me ha gustado. Empezamos nueva serie: Mad men.
22:00 la enana despierta con muchas juergas, gritos de loro y reclamando atenciones. Sobrevivimos como podemos hasta las 23:30, hora en que me saco leche, se le da la última toma del día y nos vamos a la cama los tres, con una breve pero intensa resistencia por parte de la más pequeña.
Así descrito creo que no transmito la paz y felicidad de mis días. Solo el hecho de no levantarme a las 7 corriendo, con prisa, meterme en el metro y estar a las 8 activa frente a mi teclado, ya merece la pena. Por no hablar de la alegría de encargarme yo directamente de mi hija, sin delegar la tarea más importante en otros. Llamadme simple pero para mi es un millón de veces más importante cuidar de mi pequeña que supervisar fondos de inversión y reportar informes a la CNMV.
Sin embargo está claro que no todos somos iguales ni tenemos las mismas prioridades, con la boca pequeña muchas compañeras me dicen: qué suerte tienes. La misma que podrían tener ellas. Tenemos el mismo buen trabajo, del que no te van a echar por coger unos meses de excedencia por cuidado de hijos. Con maridos con trabajos similares al mío y situaciones económicas muy parecidas. Pero ninguna se ha cogido una excedencia tras la baja maternal.
Alguna sí que dice lo que de estaba deseando volver a trabajar tras la baja, pero son las menos. No se por qué hay que tener complejo de decirlo. No todas las madres disfrutan estando todo el día con sus pequeños y no pasa nada. Hay que ser sinceros, sobre todo con nosotros mismos.
Yo no disfruto con mi trabajo, soy eficaz en su desempeño, mis jefes me valoran, pero no disfruto con él y lo digo. Seguramente me gustaría si solo trabajara la mitad del mes, por ejemplo. Pero no me gusta lo suficiente como para dedicarle 40 horas a la semana, once meses al año. Y lo digo, no pasa nada.
Sin embargo sí me gusta ser madre lo suficiente como para dedicarme a ello a tiempo completo.
8:00 en la cocina ya están mis dos hijos mayores, se oye el ruido de la ducha de marido de fondo. "Pásame los cereales", "yo quiero queso fresco", "acábate el zumo que se van las vitaminas". Lo típico. Me parece un lujo poder desayunar con mis hijos, primero porque nunca lo hago por mi horario laboral, y segundo porque es un rato breve. Cuando se van al colegio les despido con la misma alegría con la que les saludo cada mañana. Es increíble la bulla que meten para desayunar y prepararse para ir al colegio. Cuando se van dejan un silencio como de convento tras el escándalo sonoro al que me someten cada mañana. En cuanto salen, me saco la leche con esas maquinejas llamadas sacaleches eléctrico, ganicas de perderlas de vista que tengo.
9:00 la nena se despierta. De buen carácter, no sale a madre. Juega un rato en la cunita, come, cambio de pañal. Luego la pongo en la hamaca y la llevo a mi baño. Me ducho bajo su atenta mirada.
11:00 nos arreglamos las dos y salimos a pasear. Cada día hacemos un recorrido. Casi siempre una parada, un día en la farmacia, otro el pescadero o el carnicero, hoy en Zara para comprar pantalones cortos a la mayor.
12:30 volvemos a casa. La dejo en la hamaca y me saco la leche otra vez.
Luego cambio de pañal, la doy de comer y la pongo a dormir.
13:30 hago mi comida y como. Me siento un rato en el sofá a leer o a ver algo en la tele.
15:00 la enana despierta con mucha energía. Grititos, juergas, no me dejes en hamaca ni cuna que solo quiero brazos y juergas.
16:45 al cole a por los hermanos con la merienda preparada. La vuelta a casa es otra vez una explosión, uno habla por encima del otro, los dos tienen muchas cosas que contar y poca paciencia para esperar a que el otro acabe. La enana les mira encandilada.
Pasamos la tarde sin pena ni gloria, como el resto del día a decir verdad. Los mayores hacen deberes y yo entretengo a la enana y me saco leche.
Por las tardes está muy demandante. Apuntito ha estado de quedarse sin el título de santina que ostentó con orgullo sus tres primeros meses.
Ahora es buena, pero muy activa y requiere mi atención casi de continuo.
19:45 baños, cena, ruido, conversaciones, voces. Terminan de cenar y yo les jaleo: ¡dientes, pis, camaaaaa!. Que es mi forma abreviada de decir lo de todos los días: que se laven los dientes, hagan pis y se vayan a la cama.
21:00 los mayores acostados, la enana echando una siesta. Recogemos la cocina a jarapo sacao y nos ponemos una serie. Hemos terminado "Hijos de la anarquía", de las que os hablé cuando estaba empezando y todavía no me tenía encandilada. La historia va mejorando a lo largo de las temporadas y los personajes se van perfilando mejor. Al final la valoración global es que me ha gustado. Empezamos nueva serie: Mad men.
22:00 la enana despierta con muchas juergas, gritos de loro y reclamando atenciones. Sobrevivimos como podemos hasta las 23:30, hora en que me saco leche, se le da la última toma del día y nos vamos a la cama los tres, con una breve pero intensa resistencia por parte de la más pequeña.
Así descrito creo que no transmito la paz y felicidad de mis días. Solo el hecho de no levantarme a las 7 corriendo, con prisa, meterme en el metro y estar a las 8 activa frente a mi teclado, ya merece la pena. Por no hablar de la alegría de encargarme yo directamente de mi hija, sin delegar la tarea más importante en otros. Llamadme simple pero para mi es un millón de veces más importante cuidar de mi pequeña que supervisar fondos de inversión y reportar informes a la CNMV.
Sin embargo está claro que no todos somos iguales ni tenemos las mismas prioridades, con la boca pequeña muchas compañeras me dicen: qué suerte tienes. La misma que podrían tener ellas. Tenemos el mismo buen trabajo, del que no te van a echar por coger unos meses de excedencia por cuidado de hijos. Con maridos con trabajos similares al mío y situaciones económicas muy parecidas. Pero ninguna se ha cogido una excedencia tras la baja maternal.
Alguna sí que dice lo que de estaba deseando volver a trabajar tras la baja, pero son las menos. No se por qué hay que tener complejo de decirlo. No todas las madres disfrutan estando todo el día con sus pequeños y no pasa nada. Hay que ser sinceros, sobre todo con nosotros mismos.
Yo no disfruto con mi trabajo, soy eficaz en su desempeño, mis jefes me valoran, pero no disfruto con él y lo digo. Seguramente me gustaría si solo trabajara la mitad del mes, por ejemplo. Pero no me gusta lo suficiente como para dedicarle 40 horas a la semana, once meses al año. Y lo digo, no pasa nada.
Sin embargo sí me gusta ser madre lo suficiente como para dedicarme a ello a tiempo completo.
lunes, 18 de mayo de 2015
La pequeña
La pequeña de la casa nos tiene cada día más enamorados de ella. Cuando ya pensé que habíamos alcanzado las cotas más altas en lo que a babeo se refiere, observo estupefacta como llegamos un poquito más allá.
Los calores madrileños ayudan. Me explico: ahora va con los muslos al aire. ¡Esos muslos de lorzas comestibles!, ¡al aire!. Los vestiditos de veranos están acabando con la poca dignidad de mujer adulta que me quedaba.
Da bastante más guerra que la que daba en sus primeros meses cuando era una especie de muñeca nenuco, que comía y dormía. Ahora ya demanda atenciones, juergas, pasárselo bien en definitiva, porque hemos traído al mundo a otra persona disfrutona, como somos el resto en esta casa.
Es muy simpática, siempre tiene una sonrisa preparada para cualquier tontería que se le haga. Se ríe con unas carcajaditas de bebé que contagian la risa.
Básicamente lo muerde todo y lo chupa todo. Sus pensamientos de bebé deben ser algo del tipo: "voy a probar este mantel, argg, qué asco, sabe fatal pero no puedo dejar de chuparlo. Ay mira, la mano de mi madre, voy a chupar y morder un poco. ¡Anda!, qué bueno, mis pies, hace como tres minutos que no me los llevaba a la boca, ya los echaba de menos". Y así todo el día. TO-DO pasa por su boca.
Llevamos cinco meses y once días con lactancia materna. Tres hurras por mí y por mis sacaleches. Estoy hasta los mismísimos, pero a la vez ya he decidido aguantar hasta los seis meses porque se que es lo mejor para ella.
Le encanta estar tumbada en la mantita gimnasio, encima de mi cama, o directamente en una manta en el suelo, y ya intenta (sin éxito) gatear. Se desplaza con muchas dificultades y esfuerzos como si yo intentara subir al Himalaya. Se pone boca abajo y vuelta boca arriba, y cuando se frustra porque no consigue lo que pretende, chupa lo que tenga a mano: un muñeco, el suelo, la manta, su pie...
Es muy bonita y yo me siento tan afortunada de tenerla, y de poder estar disfrutando estos meses, que no lo puedo expresar con palabras. Cada mañana pienso que si no me hubiera cogido una excedencia ya estaría trabajando, y se me pone una sonrisa en la boca. El otro día vino a comer con nosotras una compañera del trabajo y me preguntaba si no echaba de menos ir a la oficina. Je, echar de menos dice, NI LOCA. Estoy feliz y completamente realizada con lo que hago ahora mismo. Lastimica que no pueda congelar el tiempo para alargar esta época tan maravillosa un poquito más.
Y nada más por hoy, que la tenía dormida en la cuna, pero me llegan ruiditos sospechosos, creo que debe estar despierta.
Los calores madrileños ayudan. Me explico: ahora va con los muslos al aire. ¡Esos muslos de lorzas comestibles!, ¡al aire!. Los vestiditos de veranos están acabando con la poca dignidad de mujer adulta que me quedaba.
Da bastante más guerra que la que daba en sus primeros meses cuando era una especie de muñeca nenuco, que comía y dormía. Ahora ya demanda atenciones, juergas, pasárselo bien en definitiva, porque hemos traído al mundo a otra persona disfrutona, como somos el resto en esta casa.
Es muy simpática, siempre tiene una sonrisa preparada para cualquier tontería que se le haga. Se ríe con unas carcajaditas de bebé que contagian la risa.
Básicamente lo muerde todo y lo chupa todo. Sus pensamientos de bebé deben ser algo del tipo: "voy a probar este mantel, argg, qué asco, sabe fatal pero no puedo dejar de chuparlo. Ay mira, la mano de mi madre, voy a chupar y morder un poco. ¡Anda!, qué bueno, mis pies, hace como tres minutos que no me los llevaba a la boca, ya los echaba de menos". Y así todo el día. TO-DO pasa por su boca.
Llevamos cinco meses y once días con lactancia materna. Tres hurras por mí y por mis sacaleches. Estoy hasta los mismísimos, pero a la vez ya he decidido aguantar hasta los seis meses porque se que es lo mejor para ella.
Le encanta estar tumbada en la mantita gimnasio, encima de mi cama, o directamente en una manta en el suelo, y ya intenta (sin éxito) gatear. Se desplaza con muchas dificultades y esfuerzos como si yo intentara subir al Himalaya. Se pone boca abajo y vuelta boca arriba, y cuando se frustra porque no consigue lo que pretende, chupa lo que tenga a mano: un muñeco, el suelo, la manta, su pie...
Es muy bonita y yo me siento tan afortunada de tenerla, y de poder estar disfrutando estos meses, que no lo puedo expresar con palabras. Cada mañana pienso que si no me hubiera cogido una excedencia ya estaría trabajando, y se me pone una sonrisa en la boca. El otro día vino a comer con nosotras una compañera del trabajo y me preguntaba si no echaba de menos ir a la oficina. Je, echar de menos dice, NI LOCA. Estoy feliz y completamente realizada con lo que hago ahora mismo. Lastimica que no pueda congelar el tiempo para alargar esta época tan maravillosa un poquito más.
Y nada más por hoy, que la tenía dormida en la cuna, pero me llegan ruiditos sospechosos, creo que debe estar despierta.
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