jueves, 18 de septiembre de 2014

Sobre mis hijos – conversaciones

El otro día durante la cena se produjo una de esas conversaciones con el niño, que ahora recordándola, me da la risa tonta. Fue algo así:
- Hoy en el patio el hermano pequeño de JS no nos dejaba en paz el muy pesado, y no podíamos hablar de nuestras cosas.
- ¿Y cuáles son vuestras cosas?
- El ébola – muy serio, casi impasible diría yo, sentenciando: EL EBOLA. Casi ná -
- ¿¿ EL EBOLA?? – esta soy yo ojiplática- pero ¿qué habláis vosotros sobre el ébola?
- Bah, pues nada especial, meternos miedo pensando que llegue a España, que no tenga cura… lo normal.
(Normalísimo, ya te digo)
También hablamos sobre qué vamos a ser de mayores. JS va a ser maquinista de tren y el heredero de la casa de su abuelo. 
(Igual eso lo tiene que comentar con el abuelo antes, que no sé yo si el buen señor estará al tanto de los planes del nieto).

Para haberles visto en vivo y en directo, porque seguro que hay más detalles que el niño no cuenta por pensar que es excesivamente “normal”. Dos chavales de 9 años, caminando por el patio del cole, porque ese día su amigo está lesionado y no puede jugar al futbol, y hablando de “sus cosas”.

Al poco la niña comentó algo de la canción del aserejé y le contesta el hermano:
- Con esta canción tuve yo envidia por primera vez de otro niño.
Obviamente esa afirmación no se podía quedar así en el aire sin más, tanto padre, como hermana, como una servidora, le freímos  a preguntas para tener más datos de ese primer momento de envidia, pero pasó de nosotros, nos contestó que no lo iba a contar, que esto era como los puntos suspensivos en los libros que te dejan con la intriga.

Sobre la niña contaros que este verano se le ha manifestado una alergia al marisco. Parece ser que ella ya había sentido molestias alguna vez, pero no nos había dicho nada (sin comentarios sobre la absurda discreción de la niña con sus dolencias).
En vacaciones, tras un arroz caldoso de chuparse los dedos, la pobre se puso bastante mal, con picores de garganta, enrojecimiento de barbilla, dolor de tripa. Y días después lo mismo con unas gambas.
Así que la he llevado a hacer las pruebas y ha quedado claramente diagnosticada como alérgica a los artrópodos marinos. Avisé en el colegio, aunque pensé que allí tendría poco impacto porque no me imagino yo un comedor escolar dándole al centollo y a la langosta. Para mi sorpresa resulta que hay muchos guisos que hacen con caldo de marisco. Así que la han llevado a la mesa de los alérgicos. La pregunté qué tal en su nueva ubicación del comedor y me dice: “Muy bien, ya me he hecho amiga del alérgico a los frutos secos y de la intolerante a la lactosa”. Estos son como las mises, que pierden el nombre y se denominan por la alergia.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Mis lecturas de verano

Lo de catalogar como lecturas de verano, puede parecer un poco absurdo. Leer es leer, sea el momento del año que sea. Sin embargo, una vez superado el prejuicio inicial hacia el etiquetado, he de reconocer que sí tengo un tipo de lectura que inconscientemente elijo para el verano. Leo mucho en la piscina y en la playa, y para ese entorno me apetece lectura ligerita, con especial querencia hacia la novela negra.

Este verano mi lista de lecturas ha quedado así:

No despiertes al diablo”, John Verdon. Ya había leído los dos primeros de la saga del inspector retirado David Gurney, que siempre acaba enredado en casos misteriosos. Más de lo mismo, entretenido y muy compatible con un chapuzón de vez en cuando, o levantar la mirada para comprobar que mis criaturas no se han ahogado.

Hush Hush”, Becca Fitzpatrick. Escribió sobre el libro Ro, mi profe preferida y fuente de recomendaciones de literatura juvenil. En este caso el libro fue un poco juvenil de más para mí. Ya os he contado alguna vez que me encanta intercalar lecturas pensadas para el público más joven, por la frescura que en muchas ocasiones desprenden. Debo tener corazón adolescente a pesar de los años. El libro es entretenido pero seguramente mucho más disfrutable para una chica de unos 15 años.

Los vigilantes del faro” y “La mirada de los ángeles”, Camilla Läckberg, Son los dos últimos libros de la escritora. Todos sus libros me los he leído en verano, así que volviendo a lo que decía en el primer párrafo, para mi esta escritora es claramente de lecturas estivales. En los que leí el verano pasado había llegado a casi cogerle manía a la protagonista, lo conté por aquí. Sin embargo, con estos últimos me he reconciliado con ella. Los dos libros me resultaron entretenidos, en su línea de historias farragosas, con idas al pasado y vueltas al presente, que va contando por partes y consigue dejarte siempre con ganas de saber más. Además, cuando termino estos libros me entran muchas ganas de ir un verano a Suecia, el pueblecito donde se desarrolla la acción, Fjällbacka, que es además donde vive la escritora y tiene pinta de ser maravilloso.


Asesinos sin rostro”, Henning Mankell. Por seguir con la novela negra sueca, pero se me hizo bola y lo dejé. Mankell está muy bien considerado en su género, pero a mí no consigue engancharme.

Si decido quedarme”, Gayle Foreman. Otra recomendación de Ro. En este caso, me encantó el libro. Es cortito, se lee casi del tirón, precioso. Tiene justo lo que me gusta cuando doy con un libro juvenil bonito.

La verdad sobre el caso Harry Quebert”, Joël Dicker. Este libro fue un bombazo cuando se publicó en septiembre de 2012. En español se editó al año siguiente, y yo estaba pendiente de leerlo desde entonces. Ha tenido muy buena acogida por la crítica, pero yo como siempre a mi bola, tengo mis matices que aportar. Se trata una novela de suspense a cerca del asesinato de una joven, la narración viaja en tres momentos del tiempo distintos y continuamente se barajan diferentes posibilidades y versiones de lo acontecido. Aun reconociendo que el libro tiene algo, y que el final es bueno, me han sobrado muchos capítulos. La misma escena la tenemos en lo que escribe el escritor, lo que se supone que pasó, lo que le cuenta el profesor… Ya no estoy para tanta floritura, para mi tiene mucha paja, un poquito más de ir al grano amigo Joël. Algo que en el libro es meramente anecdótico y supone un 1% de la historia, es precisamente lo que más me ha gustado, y son las conversaciones del protagonista con su madre. Buenísimas. Toda una caricatura de la histeria y absurdez en las que puede caer (y cae) una madre.

Y ahora voy a empezar "22/11/63" de Stephen King, que me pide el cuerpo ficción en estado puro. Ya os contaré.

martes, 9 de septiembre de 2014

La amistad

Me ha pasado este bonito premio Inmagina. Se lo agradezco, porque además, me da un motivo para escribir, que estoy muy vaga.



He tenido mucha suerte con la amistad. En todas las etapas de mi vida recuerdo haber tenido amigos, y he conservado la relación con algunos de ellos. Otros se van perdiendo en el camino, es natural, cuando las circunstancias te separan, es complicado mantener una relación que necesita de mucho cuidado para que se mantenga.

De niña era mucho más sociable que ahora, realmente necesitaba tener amigos, eran una fuente de inspiración, una forma de divertirme, casi una necesidad. De pequeña, en el colegio, tuve grandes amigas, de las cuales conservo dos. Vivimos en ciudades diferentes y nos vemos poco, pero seguimos en contacto y cuando estamos juntas parece que no haya pasado el tiempo. Yo las sigo viendo igual que siempre, no me cuesta nada entenderlas.

Para estudiar la carrera tuve que cambiar de ciudad y estuve viviendo en una residencia universitaria, donde hice un grupo de amigas con las que lo pasé realmente bien. Fueron unos años que recuerdo buenísimos, de mucho aprendizaje en todos los sentidos, no solo el académico. Trasnochar, jugar al mus, quedarte hablando y fumando en el cuarto de una amiga hasta las tantas, leer libros diferentes, conocer personas diferentes, formas de vivir muy distintas a las de mi familia… De esa época mantengo contacto frecuente con tres amigas.

Luego llegó el mundo laboral. Los primeros años de trabajo fueron muy intensos, trabajaba en una consultora de proyectos y horarios imposibles. Los compañeros de mi primer equipo se convirtieron en amigos, todos éramos recién licenciados, sin experiencia, sin cargas ni obligaciones, con muchas horas para currar y muchas ganas de salir de copas. Con ese grupo seguimos quedando a cenar una vez al año, pero la relación cercana la mantengo con mi amigo O., con el que hablo habitualmente, y quedamos con nuestras familias, que por suerte también encajaron bien. También es de esa época mi amiga A., que es con quien tengo más relación actualmente, porque tenemos hijos de edades similares.

Es como si de cada época, hubiera conseguido quedarme con una pequeña muestra.

Lo que noto hoy en día es que me he vuelto mucho más individualista de lo que era. Sigo apreciando a mis amigos, tanto a los antiguos, como a ligeras amistades recientes a las que me unen circunstancias comunes. Pero no los necesito. Valoro mucho más el tiempo de soledad, o para estar en familia.
En ese sentido el acercarme al mundo bloguero cambió algo en mí que se estaba como atrofiando, porque de pronto sí sentí curiosidad por personas a las que leía, y me inspiraban y aprendía de ellas. Sentimientos que hacía años que no sentía.

Lo que tengo claro es que para triunfar en la amistad, como para casi todo en la vida, se necesita una combinación de:
- Habilidades: no todo el mundo tiene la facilidad de hacer amigos o la intuición para identificar gente afín. Esto de hacer amigos se te tiene que dar bien. Podrás mejorarlo a base de ganas, pero no es igual que cuando sale de forma espontánea
- Suerte: es fruto del azar el compañero de pupitre que tienes en el cole y la gente que va apareciendo en tu camino a lo largo de tu vida. Aunque tengas el punto anterior, si no se da la materia prima, no hay tomate.
- Ganas: hay que querer, sino es imposible. Además la amistad hay que cuidarla, hay que saber dar a cada uno lo suyo y demandarlo de la forma correcta que no agreda ni invada. Mantener los amigos es cansado, gratificante si son buenos, pero cansado.

Relacionando este último punto con el párrafo anterior en el que os decía que me estoy convirtiendo en un cardo borriquero solitario, me sorprenden las personas que mantienen intacta su sociabilidad. Mis suegros encabezan el ranking mundial en eso. Tiene tropotocientos millones de amigos, amiguetes y conocidos. Viajan mucho con amigos, que es algo para lo que yo no valgo, por ejemplo. En los viajes solo me entiendo bien con mi marido. En su casa siempre hay gente, siempre están quedando para comer, para cañas, para lo que sea. El día que les veamos a los dos solos haciendo algo sabremos que hay una nave nodriza de aliens ocupando cuerpos gallegos.

Pues mira, con la excusa del premio, ya me he marcado una disertación sobre mi concepto de la amistad. Lo que no hago es pasarlo de forma nominal, todos los que venís por aquí habitualmente y tenéis un blog, sois blogs amigos, podéis recoger el premio.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Volver

Qué duro es volver.
Volver a madrugar, a leer la prensa, volver al trabajo, a los horarios, a forrar libros, a las obligaciones.
Para una auténtica profesional de las vacaciones - podría dar cursos sobre vacacionear a conciencia - la vuelta es dolor.

Hemos estado dos semanas en Galicia, a estas alturas del verano me encanta ir al frescor gallego. El plan más repetido en nuestras vacaciones estivales es final de junio en el sur y final de agosto en el norte.
En Madrid se pasa tanto calor que la última quincena de agosto se agradece mucho dormir tapados, salir con chaqueta por las tardes y tener algún día de lluvia. Vamos a Rías Bajas, donde el clima es muy agradable en esta época, normalmente, aunque también puedes tener muchos días malos pero no es lo habitual.
Así que ha sido una quincena de no madrugar, comer bien, disfrutar de preciosos paisajes verdes. También de estar en la playa sin bañarte por la posible congelación acuática y alguna cosilla más. Pero eso son minucias para una vacacionista vocacional como yo.

El embarazo sigue su curso, ya tengo una buena panza de 6 meses y un buen lumbago que lo acompaña. Si alguien tiene un remedio infalible que hable ahora, por piedad. Miedo me da estar con este dolor hasta el final.
He empezado a tomar magnesio, buscad en google sobre el magnesio y lo mismo flipáis cómo lo he hecho yo. Resulta que la dieta actual es muy pobre en él, debido a los nuevos tipos de abonos. El magnesio es fundamental el mil procesos del cuerpo, es barato, y a lo mejor precisamente por eso, no es conocido lo fácil que es tomar un suplemento en alguno de sus formatos, en mis caso estoy tomando carbonato de magnesio. Conste que esto lo cuento porque al comentar del embarazo me he acordado, pero a este humilde blog no lo patrocina nadie, es sólo información que me ha apetecido compartir.

En cuanto a mis hijos, en las vacaciones lo han pasado genial y han estado muy simpáticos. No he apuntado ocurrencias o momentos divertidos, y como ando bastante con cabeza a pájaros ahora mismo solo recuerdo alguna de mi hijo:
- una es cuando me preguntó muy serio: "mamá, ¿no existirá la baja hermanal?, podrías preguntar porque igual que hay baja maternal, yo me quedaría en casa encantado cuando nazca la hermana".
Este niño piensa siempre en la misma dirección.
- otra una mañana estaba muy a buenas con su hermana, y le dijo que le iba a dedicar una canción. Tras unos minutos pensando nos suelta, ya tengo el principio: " los hermaaaanoos son parientes muy cercaaanooos". Casi muero de la risa.

Y nada más por hoy, que después de tantos días sin ver un teclado, necesito ir poco a poco...

sábado, 9 de agosto de 2014

Estado de situación

Sábado por la mañana, reina la paz en esta casa. Cada uno estamos a nuestras cosas, en un ambiente relajado, perezoso, que es el habitual las mañanas de los sábados de verano.
Me he dado cuenta de lo poco que frecuento mi blog últimamente, así que me he vuelto a meter en la cama, con el miniportatil encima, rodeada de almohadones, a escribir unas líneas. Me encanta escribir y leer en la cama, mi cuarto tiene una ventana enorme desde la que veo el tejado del edificio del al lado y el cielo.

¿Qué podría yo contaros?... mmm....
- El embarazo sigue su curso y por ahora todo en orden a mis 23 semanitas de gestación. El nivel paranoide de los primeros meses ha bajado bastante. Esos patadones internos me relajan mucho. Ya nos han confirmado que es una niña, para regozijo de mi hija y pequeña frustración del niño. Aunque como él no es de los que se dejan amilanar por un pequeño contratiempo enseguida ha recapitulado y ha dicho que bueno que vale, que las niñas pequeñas también son muy simpáticas. Sobre las mayores no se ha pronunciado y no he querido preguntar. También ha dicho que ojalá sea tan lista y tan ágil como L., y que cante tan bien como yo y la niña ha matizado pero que no tenga mi mal perder, que ufff, menudo mal perder tengo yo... Los demás no somos conscientes de su mal perder, se ve que el calvario lo lleva por dentro. Sí es muy competitiva, eso es cierto.

- El niño lleva un verano un poco alterado. Sigue siendo simpático y cariñoso como es él, ya sabéis que no suelo quejarme de mis hijos, porque en general creo que he tenido mucha suerte y aún con sus defectos, es más todo lo bueno que tienen. Sin embargo en el último mes el niño está rebelde. Nunca ha sido especialmente obediente, pero al menos te soltaba un vale, mami, guapa, ahora voy, y llamadme simple, pero a mi me dejaba más contenta que la retahíla de quejas a las que me somete ahora. Tiene solo nueve años, ¡¡no puede ser rollo adolescente!!.  Claro, que él tiene su propia versión de los hechos que le va contando a mi madre y mi hermana, y es que yo estoy muy pesada, que como tengo lo que él llama el "germen del nido" (algo ha oído del síndrome del nido de las embarazadas), le hago recoger su cuarto todos los días. Sacrilegio. Recoger el cuarto todos los días. Acabáramos.

- La niña ha cumplido once años. Está más guapa que nunca, muy alta, delgada y rubia. Se me cae la baba mirándola, y a la vez siento una pena infinita por la niñita que era hasta hace poco. Para compensar por el hermano, ella está encantadora, cariñosa, obediente... Tiene sus momentos de genio, pero son pocos.

Y no hay mucho más que contar. Mis días transcurren entre mañanas de oficina, tardes de piscina, mucha lectura y mucho calor. El día quince nos vamos al frescor gallego, a descansar, comer bien y disfrutar del precioso entorno de Rías Bajas. Pero todavía queda un empujón para eso...

lunes, 14 de julio de 2014

Aniversarios varios

Me acabo de fijar en que este blog cumplió dos años en Junio, y ¡no me di cuenta!. Qué desastre de bloguera, una cosa es que no me meta en saraos de sorteos, que eso va a ser que no, y otra que ni siquiera lo recuerde.

Aprovecho ahora para contároslo y daros las gracias a todos los que pasáis por aquí, especialmente a los que dejáis comentarios, ¡qué me gusta a mí un comentario!. A pesar de lo desatendido que lo tengo últimamente, sigue siendo motivo de alegría, un espacio de libertad total, en el que un día cuento anécdotas y otro hablo de un libro, sin guión, sin obligaciones… un gustazo. Creo que tener un blog profesional y vivir de él no debe molar ni la mitad, tendrá otras ventajas claro, pero los compromisos y obligaciones acaban pervirtiendo la esencia original de las cosas.

Además ayer estuve de aniversario de boda, doce años casados, a los que si sumamos el noviazgo previo de ocho años que iniciamos en la universidad, resulta que llevo casi media vida con mi marido. Soy muy afortunada. En estas cosas del corazón, hay poco en mano de uno. Además, si ese día no hubiera ido a esa fiesta en la que nos conocimos hoy no tendría la vida que tengo. Todo es tan casual que da vértigo. Algún día tengo que escribir sobre mis teorías de lo poco que está en nuestra mano casi todo lo importante la vida.

Para completar la ronda de aniversarios, el 31 de julio es mi cumpleaños y el 5 de agosto es el de mi hija, somos un par de leos de pura cepa.
Me encantan los cumpleaños. Sigue sin pesarme el hacerme mayor, debe estar al caer una crisis de esas tan comunes, pero por ahora, sigo alegrándome de cumplir años ya que tengo bien presente que la alternativa sería estar muerta. Claro que me noto muy distinta en muchas cosas, y muy igual a la de siempre en otras, pero en general no me siento mayor.
Los cumples de mis hijos me ponen tontorrona de nostalgia, por lo rápido que pasa todo, pero es más alegría que tontería, así que el balance sigue siendo positivo. Yo querría tener un mando como el de la tele para rebobinar a esos momentos tan bonicos y que pasan tan rápido, a veces no te das ni cuenta de lo re-bonicos que son cuando los estás viviendo. Y con ese mismo mando pasas rápido esos otros momentos horribles de angustia y de incertidumbre que conlleva la maternidad. No me digáis que no molaría mi mando.
Poco más, está quedando una entrada muy breve, escribo poco últimamente, creo que hay varios motivos, pero el principal es que no tengo mucho que contar, al llevar dos años dando guerra, las actividades típicas de estos meses ya las he contado varias veces (algunos ejemplos aquí y aquí). Aún así siempre se puede contar algo, o teorías propias, pero estoy perezosilla, y como decía más arriba, me encanta no sentirme obligada a publicar nada. Solo escribo exactamente cuándo y lo que quiero, eso no tiene precio.

martes, 1 de julio de 2014

Vacaciones y frasecitas de mis hijos

Acabamos de volver de diez días de sol, playa y descanso.
Han sido muy buenas vacaciones, pero no tanto como suelen serlo. Hay que tener en cuenta que yo parto de un listón muy alto, porque tengo el don de vacacionear bien. Es lo que más me gusta del mundo y siempre lo disfruto. No creáis que es lo normal, no, que se yo de mucha gente que sale de su casa y echa de menos su colchón, añora su rutina, se aburre, le sobran horas de exposición familiar… A mí nunca me  pasa nada de eso. Estar de vacaciones es mi estado ideal.
En mi vida laboral soy muy afanada, ese maldito sentido de la responsabilidad que me inculcaron me mata. Hace que me tome muy en serio mi trabajo, que haga cursos, y que no pare. Esa actitud confunde a mucha gente que se piensa que es que yo soy así y que me va ese ritmo. Error. Es todo fachada. A mí lo que me gusta es estar de vacaciones sin horarios, ni obligaciones, ni cargo de conciencia por no hacer lo que tengo que hacer, que vacaciones es NADA.

A lo que iba: han sido muy buenas vacaciones, para la mayoría de los mortales habrían sido de sobresaliente, pero para mi ranking personal, no lo han sido del todo.
Principalmente porque estoy raruna, agilipoyá también se puede decir. No me quito una sombra de preocupación de fondo en mi cabeza. Será hormonal, será la edad, será que desaprendemos con los años, será que me ha faltado el tinto de verano… ¿qué será?... Además ha habido pequeños incidentes, de esos que no son nada pero dan por c. A saber:
- La niña se cae de un árbol al que trepaba en bañador, se raspa y concretamente se hace una herida en la cara interior del brazo no se cura ni pa tras. También es verdad que se ha estado bañando y haciendo vida de playa, que no debe ayudar a que eso cicatrice bien.
- La niña se coge piojos y me los pasa solidariamente.
- Al niño le pican dos mosquitos que le han dado reacción a lo bestia, la de la farmacia nos mandó a urgencias donde le mandaron un antiestamínico y una pomada. No quiero pensar si en lugar de dos le pican algunos más.
- La niña empieza con dolores de tripa y cabeza. Después de un minucioso interrogatorio confiesa estreñimiento de 4 días. La niña lleva el tema de sus cacas con más misterio que los expedientes TOP SECRET de la CIA. Borra sus propias pistas y oculta datos hasta que no queda más remedio que confesar. Muy raro.
Aquí lo dejo pero ha habido alguna cosilla más.

Leí hace poco una frase  de Michel Montaigne que decía: “mi vida ha estado llena de terribles desgracias, la mayoría de las cuales nunca sucedieron”. Esa soy yo en los últimos meses. Más que lo que pasa es lo que no pasa y yo imagino.

Sobre lo bueno, hay mucho que decir:
- No tener horarios ni obligaciones preestablecidas.
- Levantarse cuando ya has dormido suficiente
- Comer cosas ricas
- Salir a cenar los cuatro juntos arregladitos, con buen color tras un día de playa y bien encremados.
- Ver a mis hijos construyendo castillos, saltando olas, cogiendo tesoros marinos…
- Babear viendo a mis hijos hacer windsurf. Es el segundo año que reciben clases y es alucinante cómo lo hacen de bien a sus 9 y 10 añitos.
….

Además los niños han estado muy ocurrentes, me ha dado para recopilar alguna frasecita de las suyas, así que esto cuenta como un “Sobre mis hijos”:
Estábamos todos tranquilamente sin hablar ni de estudios ni de jubilación y de pronto el niño dice:
- Yo cuando me jubile voy a estudiar ciencias naturales
Pasmo en los tres que le escuchábamos, porque es sabido que su pasión es la naturaleza, pero ¿por qué dejar su estudio hasta la jubilación?, así que tras varios pestañeos y miradas perplejas me animo yo a preguntar
- ¿Y antes de la jubilación?? ¿No vas a estudiar nada?
- Seguramente física elemental
Más pasmo si cabe. Este ya os digo yo que no sabe lo que es la física, porque en cuarto de primaria con saber dividir van que chutan. Ha debido de oírlo en algún sitio y el concepto “elemental” le ha molado. En ese momento de desconcierto ninguno pedimos aclaraciones, pero lo mejor es que se lo cuento a mi madre por teléfono y me dice que claro, que lo entiende perfectamente, porque él ha visto a sus abuelos que tienen mucho tiempo libre, y habrá pensado que los estudios gordos los deja para ese momento y de joven con lo elemental va sobrado. Ahí lo llevas madre, quién te ha visto y quién te ve.

La niña en un momento de esos de dolce far niente de pronto nos dice:
- A mi si hay una pareja que me cae mal pero mal son Adan y Eva. Pensar que podríamos estar así todo el día en plan paraíso, y que no puede ser por su culpa… - el hermano la anima diciendo que sí, que a él también le caen de pena, pero ella misma se matiza – Claro que también te digo que si no hubieran sido ellos habrían aparecido una pandilla de adolescentes y para hacer la gracia se habrían comido la manzanita…

Ella a los “adolescentes”, así como grupo, les tiene mucha tirria, desde bien pequeña. Lo que me sorprende es que lo mantenga ya que le queda poco para entrar en esa categoría. Un día este invierno iban una pandilla haciendo el tonto, empujándose, pegando grititos, diciendo chorradas a gritos, me miró horrorizada y me preguntó:
- Mamá, ¿yo seré como ellos?
- ¡Qué dices, para nada!!, a esos seguro que se les vería la absurdez desde los tres añitos
- Uf, menos mal.
Pobre, la tengo que animar aunque no me lo crea ni yo.

En otro momento de estas vacaciones, la niña que es muy fan de su padre, me dijo: “Mamá, qué bien elegiste marido porque papá es majísimo. Yo me voy a buscar uno igual pero sin entradas”.